MUERTES EXTRAÑAS DEL ROCK

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Os dejamos este curioso ranking publicado por la revista Rolling Stone en el 2012 de muertes extrañas de figuras importantes de la música:

Elliott Smith.  El cantautor sensible por excelencia de Portland parecía anticipar en su obra que su destino iba a ser trágico. Envuelto en un período autodestructivo, en 2003 fue encontrado muerto a puñaladas en su departamento. Si bien su novia reconoció que hubo una discusión, y que luego ella se encerró en el baño para ignorarlo hasta que escuchó sus gritos, la autopsia no encontró determinantes suficientes para catalogar su muerte como suicidio.

Darrell “Dimebag” Abbott.  Santo patrono del thrash metal, Abbott es, junto con Phil Anselmo, el elemento clave que hizo a Pantera lo demoledor que supo ser. Una vez separada la banda, Dimebag probó suerte con un nuevo proyecto, Damageplan. En un show de su grupo, Darrell recibió tres disparos en la cabeza por parte de un espectador que había entrado al recinto con una 9mm. Tras una balacera en la que mató e hirió a varios espectadores más, el agresor finalmente fue derribado por la policía.

Cliff Burton.  Cuando Metallica inició su tour europeo en 1986, se la pasó quejándose de lo incómodas que eran las literas destinadas a que pudieran dormir. Una noche en Suecia, la banda jugó a las cartas para decidir quién se quedaba con el catre de Kirk Hammett, que aseguraban era el más cómodo. Burton ganó la partida, y por estar en ese lugar, no logró sobrevivir. El micro mordió la banquina, el bajista salió arrojado por una de sus ventanas, y el ómnibus cayó encima de él. La banda intentó levantar el vehículo con una prensa hidráulica, pero el peso del transporte fue mayor al que podía soportar, y Burton falleció aplastado.

Buddy Holly.  Pionero del rock e inspiración constante de varias generaciones (de los Beatles a Weezer, por simplificarlo), Holly tenía un potencial increíble en sus manos. Carecía del appeal físico de Elvis Presley, pero tenía un repertorio más que efectivo, una facilidad envidiable por las melodías y una sensibilidad a flor de piel. En el pico de su carrera, tenía agendadas varias fechas en festivales a lo largo y ancho de Estados Unidos. Para llegar a tiempo a un show después de tocar en Iowa, Holly, de 22 años, alquiló un avión en el que se subió junto con algunos de los integrantes de su banda y Ritchie Valens, el autor de “La Bamba”. A poco de despegar, la avioneta se estrelló en Minnesota, y ninguno de los que viajaban en ella sobrevivió.

Randy Rhoads.  Niño prodigio del metal y el hard rock, Rhoads ya había grabado dos discos con Quiet Riot (banda que había fundado a los 16) cuando fue convocado en 1980 para unirse a la banda de Ozzy Osbourne, que comenzaba su trayecto en solitario. De la mano de Randy, Ozzy grabó dos álbumes vitoreados tanto por la prensa y el público, Blizzard of Ozz y Diary of a Madman.  En una parada de un tour, Rhoads se subió a una avioneta piloteada por el chofer del micro. Tras sacar unas fotos aéreas, le sugirió al piloto a que hiciera un vuelo rasante por encima del ómnibus donde dormía el resto de la banda, para asustarlos. Un error de cálculo hizo que la avioneta chocase contra el bus, perdiese el control y explotase tras impactar contra el garage de una mansión cercana. Rhoads tenía 25 años.

Marc Bolan.  En una corta pero deslumbrante carrera, Bolan pasó por la cultura mod (John’s Children), el folk rock psicodélico (Tyrannosaurus Rex), para luego dar el puntapié inicial del glam con T-Rex. Después de que su fama decayera (y su peso aumentara), Bolan logró resurgir como artista a fines de los ’70 aliándose con figuras incipientes del punk. Una noche de 1977, después de una jornada de copas, Bolan le dio las llaves de su Mini Cooper a su novia, Gloria Jones. Por un inexplicable problema de presión en los neumáticos, el automóvil perdió el control y, en vez de seguir camino por un puente, terminó chocando de frente contra un arce, accidente que mató a Bolan instantáneamente.

Marvin Gaye.  Dueño de un registro vocal de tres octavas, Gaye fue catalogado como el Príncipe del Soul a mediados de los ’60, y obtuvo el reconocimiento mundial en 1973 gracias al disco Let’s Get It On. Después de luchar con una severa adicción a la cocaína que lo llevó al borde del suicidio por problemas financieros, Gaye logró recomponerse artísticamente en 1982. Para la navidad del año siguiente, decidió regalarle a su padre un revólver calibre 38, para la seguridad del hogar. El primero de abril de 1984, Marvin intercedió en una disputa familiar acalorada entre sus padres por unos documentos financieros  y, en un rapto de furia, fue su propio progenitor quien le inculcó dos disparos que hicieron que muriese antes de llegar al hospital. Gaye falleció el día anterior a su cumpleaños número 45.

Jeff Buckley.  Hijo de Tim Buckley (que murió de una sobredosis accidental de heroína tras meses de abstinencia), Jeff supo hacerse una carrera con peso propio gracias a su álbum debut, Grace. Después de un tour mundial, Buckley tenía agendado grabar su segundo disco  junto a su banda en Memphis. El mismo día que sus músicos llegaron a la ciudad, mientras viajaba por una autopista junto a Kith Foti, su asistente, en una camioneta, hizo detener el vehículo para meterse vestido y calzado a nadar a un afluente del Mississippi. De un momento, Foti lo perdió de vista, y nada se supo de él hasta dos días después, cuando su cuerpo fue encontrado cerca de la otra orilla. Sin rastros de alcohol o drogas en su cuerpo, la autopsia concluyó que su muerte fue un ahogo accidental por falta de pericia.

Steve Marriott.  Dueño de una voz potente que contrastaba con su diminuta figura, Marriott no sólo definió la escena mod inglesa en los ’60 al frente de Small Faces, sino que además supo darse el gusto de pasearse por el rock de estadios con Humble Pie una década después.  En la madrugada del 20 de abril de 1991, Marriott volvió solo a su casa (una mansión del siglo 16 en el medio de la campiña) tras discutir con su mujer en una cena con amigos. Obnubilado por una mezcla de alcohol, cocaína y calmantes, se acostó a dormir con un cigarrillo prendido, lo que hizo que la casa entera se incendiase. La mezcla de estupefacientes junto con los efectos tóxicos del humo lo hicieron desorientarse y nunca logró salir de la habitación.

Keith Moon.  Dueño de un modo de vida eufórico que excedía su manera de tocar a su comportamiento cívico, Moonie lidió a lo largo de su vida con una dependencia a la bebida que le causó más de un problema, al punto de atropellar y matar a su guardaespaldas en 1970, o de desmayarse en el escenario en 1973 después de mezclar brandy con tranquilizante para caballos. Dispuesto a dejar de lado su adicción, Moon pasó una temporada en una clínica privada, para luego continuar con un tratamiento ambulatorio. Después de una cena con Paul y Linda McCartney, Keith se volvió al departamento que le prestaba Harry Nilsson (y donde había muerto Mama Cass Elliott cuatro años antes) y, en un acto de desesperación, comenzó a ingerir compulsivamente clometiazol, el medicamento que le habían recetado para luchar con la abstinencia. Como esas pastillas generan una alta dependencia (y por eso no se recomienda automedicarse con ellas), el baterista de The Who falleció de sobredosis accidental el 7 de 1978 tras ingerir 32 píldoras.

 

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