Mes: septiembre 2016

EL TANGO, UN PENSAMIENTO TRISTE QUE SE BAILA.

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Hoy  me dio por escuchar tangos, un género que siempre me gustó, melancólico y a veces desgarrador, pero de una gran belleza. El tango es un género musical y una danza característica de la región del Rio de la Plata en Argentina. Es cierto que es un estilo musical muy exclusivo y peculiar, ya que según algunos investigadores este nació por la fusión de músicas de diferentes lugares con influencias indígenas, criollas así como de los movimientos migratorios procedentes de Europa llegados a este país especialmente de italianos.

El tango es además una danza muy sensual en la que se establece un estrecho vínculo emocional entre la pareja que baila este ritmo. Como he señalado el tango suele tener cierto aire de melancolía y tristeza, uno de sus mayores representantes , el compositor Enrique Santos Discépolo lo definía como “un pensamiento triste que se baila”.

La letra de los tangos, en muchas ocasiones contienen auténticos poemas, todos conocemos el popular tango Volver cuyo autor es el máximo exponente de este estilo, Carlos Gardel con letra de Alfredo Le Pera.

Volver con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien.

Tengo miedo de las noches que pobladas de recuerdos encadenen mi soñar.

Uno de las canciones más conocidas de este género, una auténtica obra de arte interpretada por infinidad de artistas. Aunque no debemos olvidar otras obras maestras como; Adiós muchachos o cambalache. Este último con una letra un tanto jocosa pero que sigue vigente en nuestros días una crítica a nuestra propia sociedad. Aunque en las letras de muchas de estas canciones existen palabras o incluso algunas estructuras o frases que los españoles no alcanzamos a entender pero que nos atraen por su musicalidad, por ejemplo: garufa, o algunas estrofas del extraordinario yira, yira:

Cuando rajes los tamangos, buscando ese mango que te haga morfar.

Nuestros amigos lectores de Argentina, que me consta que son muchos ,es posible que estén familiarizados con estas expresiones que para nosotros resultan desconocidas, pero que a su vez imprimen un encanto  único y especial a las letras de estas canciones.

Hoy quería rendir un homenaje especial al tango ese lamento triste pero cargado de poesía y belleza, un género muy interesante que nació de la fusión de diferentes culturas y ritmos  resultando un estilo único y peculiar con proyección internacional.

Volver Carlos Gardel

Cambalache

Yira yira

I’LL NEVER FALL IN LOVE AGAIN

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SECCIÓN CHAMPAGNE Y MÚSICA DE FONDO

             POST EN COLABORACIÓN CON EL BLOG CHAMPAGNE PARA DESAYUNAR

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– No me vuelvo a enamorar más. 

– No, espera, creo que no se ha oído bien. No me vuelvo a enamorar más!. _Dijo de nuevo, alzando la voz interior_

– No, espera, no ha llegado a todos los rincones, mejor desde esta esquina. _dijo colocándose en el punto exacto en el que el eco se pudiera oir hasta en el estómago, ese de las mariposas_

_ No, espera … _dijo…Y el amor la interrumpió_

 

Era un día de verano, de este agosto que no se escribía con A sino con L, de Libertad, que me llevaba en volandas por caminos vírgenes para mi, bailando hasta el amanecer con un maleta vacía que pretendía llenar de vida y con la que recalaba en Verona, la (verdadera) ciudad del amor como primera escala. Allí y entonces, con la música apenas sonando en el Gramófono, se colaba a hurtadillas una voz leve que insistía en no volverse a enamorar. Y debo confesar que resultó una divertida casualidad tararear a una desconocida _para mí _ Dionne Warwick empeñada en mantener su corazón inerte mientras el amor se destilaba puro entre Romeo y Julieta en aquel balcón de piedra veronés; entre cientos de Romeos y Julietas que, yo misma los ví, iban dejando su mensaje de amor en unas paredes cuajadas de promesas de colores y de ilusiones manuscritas.

Ahora, después de enfriar cinco minutos este septiembre, descorchado con la resaca de un agosto inmenso, me sirvo de nuevo una de la Warwick y jugueteo con ese lamento ingrávido. Que no, que no me vuelvo a enamorar. Que no me dejo querer más. Que no quiero querer. Pero a mi es que me entra la risa. Será que me acuerdo de mis dieciocho, nihilista hasta la médula en aquello de los afectos, y me doy cuenta que mi corazón debió ser el kamikaze rebelde que se escapó una noche en que la razón se durmió cinco minutos mientras hacía de imaginaria, porque aquel grito que (yo también) lancé por entonces se perdió en algún punto del camino, eso lo tengo claro. Después no lo encontré jamás. Ni pude, ni quise.

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Y es que ¿quién no ha cogido los mil pedazos en que le han volado el corazón y los ha apostado todos al no me vuelvo a enamorar más, con el fuelle del pundonor sosteniendo la cabeza en alto; así, como se hacen los actos valientes?. Aquella amiga que llora desconsolada mientras barre los cristales rotos de las ilusiones; el amigo que se ha convertido en carton-piedra, que suena más varonil, que no niña, que yo ya no me dejo; la chica de aquella peli de desamor, que lo borda a base de ensayos dejando caer las pestañas comidas de lágrimas al tiempo que le tiembla el mentón (alguna más he conocido que lo borda a base de ensayos, pero sin films ni directores, a pelo, en la vida real. Reincidencia pura y dura).

Imposible no sucumbir, entregar hasta el pellejo a ese salvoconducto a la integridad sentimental. El dolor es lo que tiene, que mueve montañas … y para corazones. O lo pretende. Y cuando te atraviesa el mismo tuétano, está permitido apretar el botón de stop. Porque ese no me vuelvo a enamorar más es una suerte de conjuro para ahuyentar el dolor, ojos de sapo- pata de rana*.…; es un grito de guerra, con las pinturas puestas y la trinchera en pie, que sabe más bien a cuerpo a tierra, a tregua, a  bandera blanca.

Mentiras, dolor, tristeza es lo que obtienes cuando te enamoras, cadenas que te atan; y un tipo que te pincha la burbuja; lo dice Dionne, así como quien no quiere la cosa, que para estos menesteres a mí me hubiera convencido más el tormento de la Simone. Y tiene razón, uno de esos amores de esquinas afiladas te arrasa por dentro y te deja yermos los te quiero; y, en ese momento, firmarías una temporadita de amores al peso, de esos templados que apenas les alcanza el calor para las sábanas.

Pero es que la posibilidad de caer en galeras va implícita en tener el valor de enamorarse. Porque al que le han volado el corazón es por que alguna vez lo puso en alguna parte. La alternativa: corazones de hojalata. De esos también he visto alguno, pero pasarán a la historia sin pena, ni gloria, …ni canciones que suenen en un gramófono. Seguramente también sin burbuja.

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Por eso este I´ll never fall in love again es así, ligero; como pidiendo que le quites la razón, que le devuelvas la fe, el fuego, lo sonetos a media noche y los cafés de la mañana. Como pidiendo «desvísteme, y empieza por desabrochar este escudo, que caiga al suelo, que lo oigamos chocar contra la esperanza y partirse en dos: tu y yo.»

Y es que ese nunca es un nunca con un siempre medio vacío que hay que completar hasta que desborde el vaso, no vaciarlo de golpe.  Un nunca que se entona fuerte con tequila, sal y limón pero que se viene abajo a poco que rascas (la trampa y) el cartón de su corteza.

Así es que, permíteme que te diga _ a Dionne, a la amiga, a tí. Y también a TI_: que te hagas el/la valiente mientras te mueres de miedo, si quieres. Que cojamos el manual y nos volvamos expertos en desactivar los circuitos, yo te ayudo. Que simules que puedes e, incluso, disimules si no has podido. Pero que no te engañes. A ti no. Porque sabes perfectamente que, para cuando quieras acordar, unos ojos te habrán tumbado apenas en un segundo y unas manos serán tu perdición sin haberte tocado si quiera. Y yo, si estuviera en tu lugar, no quisiera perdérmelo.

Porque maniatar un corazón con las cuerdas que el pensamiento teje es cederle el mando a un capitán sin poder y, a partir de ahí, ya puedes cruzar los dedos para no encontrar esos ojos que te tumban o esas manos que te pierden; porque esa será, con suerte, la única opción de que no te enamores de improviso, a traición y sin posibilidad de replica.

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I’ll never fall in love again

 Texto y fotografia: Be naive  Champagne para desayunar

  Música : El Gramófono

EL ROMANCE ANÓNIMO TIENE AUTOR

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El Romance anónimo es una pieza popular muy conocida, sobre todo para aquellas personas que se inician en el mundo de la guitarra al ser relativamente fácil en su ejecución. Esta pieza musical de estructura sencilla posee una bella melodía con aire romántico y bucólico, además por su título está rodeada de cierto misterio, romance anónimo.

Pero todo apunta a que esta conocida melodía no es tan anónima. Hagamos un poco de historia. Parece ser que el conocido director de cine Francés, René Climent, encargaría al conocido guitarrista, Narciso Yepes, la banda sonora para una película llamada, Juegos prohibidos que sería estrenada en 1952. Dentro de la banda sonora destacaría el llamado Romance de juegos prohibidos o Romance anónimo, aunque el maestro Yepes sólo figuraría como adaptador musical e intérprete de la música de esta película y no como autor de la música. Algunos estudiosos atribuyen la autoría del mismo a músicos como Antonio Rubira, Fernando Sor  o a músicos más actuales como el guitarrista madrileño Vicente Gómez que podría haber compuesto esta pieza como banda sonora para la película sangre y arena en 1941 bajo el título de Romance de Amor.

La cuestión es que nunca se registraría al compositor de dicha obra en la sociedad de autores, de ahí que el segundo nombre de este popular romance sea “anónimo”. Aunque cada vez cobra más peso la autoría de esta pieza musical por parte del guitarrista murciano Narciso Yepes, en una entrevista realizada por el gran Fernando Argenta a Yepes, este reconocía ser el autor del Romance de juegos prohibidos o conocido popularmente como Romance Anónimo. Incluso su viuda después de la muerte de Yepes, reafirmo en una entrevista a una cadena de televisión Japonesa la autoría de su marido de esta pieza. Lo que no sabemos es  porqué motivo no registro este tema y tan solo figuró como adaptador musical e intérprete de Romance de Juegos prohibidos y no como autor.

El caso es que el llamado Romance Anónimo se ha convertido en una pieza musical muy popular a nivel internacional, sencilla pero de una gran belleza y como no podría ser menos de un extraordinario músico, como el gran Narciso Yepes.

Narciso Yepes