Día: junio 16, 2017

MÚSICA MÁS ALLÁ DE DESPACITO…

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Hoy voy a tomarme la licencia y voy a hablar de un género que no suelo tratar habitualmente en El Gramófono, se trata de la música clásica. Como sabéis este blog es un tanto ecléctico y tan pronto hablo de un grupo de country rock como de música cubana, rancheras o incluso algunas veces de géneros más actuales como por ejemplo el indie. Y es que lo que busco en la música es que me transmita algo en cada momento sin importar ni el género ni el autor, precisamente lo grande de la música es que existe una gran riqueza y variedad de autores y géneros en los que encontrar algo que te ayude a canalizar lo que sientes en un instante o circunstancia determinada.

Aunque no suelo hablar mucho de música clásica, he de confesar que siempre me gustó, quizás influenciado por mi padre que siempre ha sido un enamorado de los grandes clásicos y quieras o no escuchar durante tu niñez y adolescencia este tipo de música al final te acaba calando. Cuando era joven también entre mis cintas de cassete tenia hechas algunas selecciones de mis temas favoritos de la música clásica. La música del Barroco me gustaba mucho por aquel entonces por su colorido y elegancia especialmente compositores como Albinoni, Corelli, Haendel y especialmente el gran Antonio Vivaldi, también sentí especial atracción por El Romanticismo, un movimiento en el que se confiere una gran importancia a los sentimientos, la creatividad y quizás una de las palabras que mejor definen a este movimiento cultural es la nostalgia, ese sentimiento que todos llevamos de añoranza, ausencia, pérdida de personas o situaciones concretas de nuestras vidas de tiempos pasados, etapas pretéritas que nunca volverán, momentos, instantes que recordamos con sensaciones entremezcladas entre alegría, tristeza y melancolía.

Podría seguir hablando de otros autores y movimientos que me gustan, dentro de la música clásica, pero hoy me quiero detener en el romanticismo musical y concretamente en un autor que estuvo a caballo entre dos épocas dentro de la música, se trata de Beethoven compositor entre el clasicismo y el romanticismo, dentro de este último os quiero dejar una de mis obras favoritas, se trata del concierto Nº5 para piano en Mi bemol mayor Op. 73 y  más concretamente el segundo movimiento “Adagio un poco mosso” Según mi criterio, no muy experto en este tipo de música, este movimiento es de una extraordinaria belleza, en el mismo se establece un diálogo sereno entre piano y orquesta, un movimiento lento, pausado, evocador, nostálgico y sosegado.

Este concierto conocido popularmente como “El Emperador” seria el último de los conciertos para piano que compondría Beethoven y estaría dedicado a Rodolfo de Austria.  Sería escrito en Viena entre 1809 y 1811. Una auténtica joya os invito a que lo escuchéis.