CHAMPAGNE Y MÚSICA DE FONDO

CON LA C: confiar. Champagne y música de fondo: Oh Darling!

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Sección Champagne y música de fondo

Post en colaboración con el blog Champagne para desayunar

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En Champagne y música de fondo, Ángel pone la música en su Gramófono y Champagne para desayunar las letras. Esta noche suena el tema de The beatles en la fantástica versión de The Cooltrane Quartet con tintes de jazz y la suave voz de Karen Souza.

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Ahí fuera aún no es de noche, ahora la oscuridad se demora un poquito más y te da dos cuerpos de ventaja antes de llegar. Cuando empecé a escribir este post, hace algún que otro domingo, llovía, hacía frío; era una de esas tardes en las que apetece quedarse al abrigo del sofá y de aquel viejo jersey de lana gruesa que la primavera ya ha mandando a galeras. Calor destilado.

Esos días en que el invierno, que aún se guardaba un golpe de efecto en la manga, se había empeñado en soltar todo el lastre de nostalgia. Quiero pensar que para dejar las alforjas vacías y listas para los almendros en flor.

Hoy, sin embargo, traigo los ojos llenos de sol y el salitre del mar pegado a los párpados, dibujando en ellos horizontes azules. Una tarde perfecta para apagar el mundo un rato, encender la luz ténue y suave del alma y disfrutar de la intimidad de ese dueto que es un “a solas con una misma”. 

Y, como en un ritual iniciático, me acerco al Gramófono y soplo el polvo de aquel disco que llevaba días esperando que le prestara mi voz para cobrar realidad, y le susurro al oído adelante, pequeño, suena para mí” Y el Jazz suave se adueña de espacio. Un saxo, una trompeta, …un voz que te mira a  los ojos mientras te saca a bailar a la pista… A LA VIDA. Qué preciosa voz esta de Karen Souza, tan delgada y sutil, caricia que contrasta con el lamento de esa letra de amor hecho jirones.

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Crepita el vinilo como si fuera lumbre, como crepita un cigarrillo cuando lo enciendes. Como crepitan los pensamientos al roce de algunas palabras. Y, conforme The Beatles se abren paso, a través de la bellísima versión de The Cooltrane Quartet, van crepitando los míos. Nada mece más y mejor que un saxo atravesando el aire y, después, ya puedes rendirte a la voz suave de Karen aunque hable de cristales afilados.

Que las canciones tienen un enorme poder sobre las emociones es innegable. Te mueven o te acompañan, te conducen o te paran en seco….; te descorren las cortinas de tus propios pensamientos. Te cuentan de ti, del momento en el que estás. Y hoy, mientras suenan los primeros compases de este Oh darling me pregunto ¿qué te dice a ti?.

¿En que orilla del verbo confiar te encuentras?

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Confiar. Precioso verbo que encierra la promesa de todos los futuros. Infinitivo absoluto del verbo amar que debería conjugarse en primera persona del plural (nosotros) y, desde luego, en recíproco.

Confiar es el juramento tácito más verdadero entre dos personas, los cimientos donde hasta un castillo de naipes cobra la solidez de la piedra antigua sobre la que puede elevarse una fortaleza. Confiar es la pared maestra de esa casa llamada “dos”.

Pero ¿hasta dónde?, ¿cuál es la medida exacta de ese impulso que no te devuelva al punto de partida ni, tampoco, atraviese todos los umbrales de la sensatez para dejarte vendido y vencido? Esa (medida) que te mueva las velas extramuros del miedo pero que conserve el corazón intacto.  Alquimia mágica ésa por la que se sabe, a ciencia cierta, que apostarlo todo al rojo no es azar, sino una jugada perfecta.

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Uno tiende a guarecerse, alentado por los miedos que salen, como monstruos, de debajo de la cama (como cuando eras pequeño) y se alzan por encima de tu cabeza (de tu corazón ya ni te cuento) Porque, cuando un corazón se hace pedazos, cada fracción de él conservará el mismo impulso de salir corriendo lo más lejos posible de tus brazos que de arrojarse a ellos, suplicando que unas las trizas de nuevo y les des vida, como habría hecho Mary Shelley con Frankenstein.

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¿Cómo saber si quedarse a un lado de la alambrada o pasar al otro, a pecho descubierto y con las palmas de las manos hacia arriba, cuando te dicen “confía en mí, yo nunca te haré daño”?

Lo fácil son las palabras. Lo fácil es decir confía en mí; lo difícil es cerrar los ojos y dejar caer el corazón de espaldas y sin mirar en el último segundo, seguro de que habrá unos brazos que lo recojan sin permitir que caiga al suelo.

Hay a quien no le basta, ni siquiera, tenerte a corazón abierto y meter los dedos en él para, como Santo Tomás, cerciorarse; hay, de hecho, quien ve gigantes en los molinos de viento y, como si llevara arena de otros desiertos en los ojos, no alcanza a ver lo que tiene delante y aventura traiciones fantasmas y, con ello, se traiciona a sí mismo arrancándose lo verdadero en aras de una verdad que es mentira.

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También está “el más difícil todavía”: ser esos brazos que recogen el corazón que se entrega sin reservas, y no permitir que se caiga al suelo y se haga mil añicos. Sí, eso es lo verdaderamente difícil, saber manejar los sentimientos de otra persona con el mismo mimo con el que manejarías la más cara porcelana.

Dicen que la confianza es como una jarrón que se rompe que, aunque unas sus pedazos con el mayor esmero, jamás volverá a ser igual: su alma podrá seguir estando dentro pero, por fuera, siempre evidenciará los signos de su rotura. También hay una antigua técnica japonesa, el kintsugi, por la que se utilizan hilos de oro para reparar la porcelana rota haciéndola, así, aún más bella y fuerte.

Y, será que  yo prefiero los “rotos” a las superficies lisas y planas, pero a mi me parece que hay un acto de belleza absoluta en saber (intentar, tratar, procurar, pretender… o, al menos aprender a) recomponer un jarrón, como belleza absoluta hay en cada una de las grietas que dibujan pasados imposibles sobre una superficie castigada, dejando desnuda la memoria sin querer.

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 ¿Hasta dónde confiar?. Estoy segura de que lo mejor _lo más seguro_ es nadar y guardar la ropa. Pero es que yo no quiero guardar la ropa, ni siquiera la que nos quitemos cada noche absortos en el camino que dibujan los lunares de nuestra espalda.

¿Hasta donde?

No lo se

¿Hasta donde?

Dímelo otra vez

¿Hasta donde?

Hasta el SI, siempre SI.

Así que dímelo; dime, con una voz tan suave y delgada como la de la Souza mientras se columpia en este saxo de papel, que confíe en ti, que nunca me harás daño y, si me lo haces, vuelve a unir los descosidos con hilos dorados y a mentirme de nuevo, que yo… te seguiré creyendo. Al fin y al cabo, creer es lo que mueve el mundo.

Te creeré y te perdonaré, oh, darling, ¿sabes por qué? porque esto es sólo un post y aquí SÍ puedo perdonarte.

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Oh, Darling!

[Tema de The Beatles interpretado por la suave voz de Karen Souza con la banda The Cooltrane Quartet en una versión con alma en clave de jazz]

Texto: Be_Naive autora del blog Champagne para desayunar

Música: Ángel Maíllo blog El Gramófono

CHAMPAGNE Y MÚSICA DE FONDO

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Ain´t got no, I got life.

Nada. Es suficiente.

SECCIÓN CHAMPAGNE Y MÚSICA DE FONDO

POST EN COLABORACIÓN CON EL BLOG CHAMPAGNE PARA DESAYUNAR

Pesa la noche este martes gastado. Pesa la noche negra. Como pesa la voz de plata añeja que suena en el gramófono en la hora en la que el día se marcha por la puerta de atrás. Esa voz que pesa. Esa voz negra. Negra, como la noche.

Ella entra en la noche, para acariciarla con unos dedos entre los que se derrama su áspera dulzura, y entonces los sentidos se ponen en pie, atentos, rendidos a la fascinación que provoca su voz, a sabiendas de que esa voz honda te va a contar una verdad de esas de las que es imposible apartarse sin que te roce. Porque ella sólo canta mirándote a los ojos y sosteniéndote la mirada.

Nada más empezar ya araña la música suave con un No tan rotundo que no te queda más remedio que quedarte a ver qué ocurre. Hipnotizada por ese mantra extraño y envolvente que rezuma privación pero que, a contracorriente, suena ligero

No.

No tengo.

No tengo nada

Reflets de chaises et de la Tour Eiffel. Paris, 1957.

Ella crea espacios, abre zanjas y te mete dentro para jugar a un juego, el juego de la verdad; como juega ahora contigo, con un ritmillo casi leve pero persistente como una lluvia fina, que cala tanto más por lo imperceptible.

Te sujeta por la cintura, firme, y te marca el paso de un baile de medianoche: dos pasos a la izquierda, `no, no tengo´, un paso a la derecha, `no tengo´; y te resulta inevitable entrar en ese juego maldito que es contar aquello con lo que no cuentas. Porque mientras le sigues la pista a los vacíos de la Simone, sin querer, vas marcando mentalmente con una cruz tus noes, esas faltas que apenas hacen mella, …esas otras que cobraron el relieve de las cicatrices. Da igual que te las hayan quitado de las manos o que jamás las tuvieras y sea el anhelo el que se quedó vacío, esperando en la parada de un autobús que ya está fuera de servicio.

Hasta donde te alcanza la memoria, dos, tres, cuatro, veinte; ¿cuántas cosas te faltan?  Qué tamaño, qué forma, que solera tienen?

De fondo, Nina sigue descontando, reduciendo a cero cosas de esas importantes, vitales, aunque tú hace tiempo que has agotado tu lista del debe o quizás te has agotado tú en ella, y te preguntas cómo puede desproveerse una persona de tanto y que el mundo siga andando, sin más, como si no fuera con él la cosa. Y mientras la esperas a la vuelta de la esquina, aguardando a que ella consuma su lista y te alcance en ese sentimiento de vacío que te ha lanzado a los pies, piensas por un momento cómo sería no tener nada. Mejor dicho, cómo sería no tener ni tan siquiera una nada.

No tengo casa, ni

zapatos. Ni dinero, ni

estilo;

Ni faldas, ni jerseys.

No tengo perfumes,

ni cerveza.

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Consciente de que no lo vemos aunque esté delante de nuestros ojos, ella te lo cuenta como una confidencia, al oído; una verdad callada que está a la mano pero que pocas veces se alcanza: lo único que necesitas para vivir es … estar vivo. Y libertad. La libertad de sentir, de imaginar. La libertad de ejercer la capacidad de ilusión, o dejarla en barbecho.

Todo eso en la sola brevedad de una canción.

Y tú te rindes. No me digas que no te rindes. No  me digas que no se te ha colado por una esquina esa simplicidad vital de un modo tan corpóreo que casi la sientes echándote el aliento. La vida. Qué más. Qué menos necesitas para vivir.

Porque ELLA es así, con su voz oscura te invita al infierno mientras te sopla aire helado en la nuca, y cuando te tiene ahí, te lleva en volandas al lugar donde se ocultan los secretos (a voces) para mostrártelos con la dulce firmeza que no tuvo en su vida.

Mi espalda y mi sexo.

Mis brazos y mis manos.

Mis dedos y mis piernas.

Mis pies y mi dedo gordo.

Mi higado y mi sangre.

 A mí, escuchándola, me resulta imposible no viajar a una África de 2005 donde encontré azules y rojos y la linea de arena fina que marcaba la diferencia entre el color de la piel. Una África a donde llegaba yo sin aire, sin suelo, sin razón. SIN, simplemente.

Allí los encontré a ellos, aquellos niños del color de la noche que guardaban tesoros custodiándolos sin armas, ni tratados, ni moneda de cambio.

Esos niños tenían TODO en sus ojos, tenían tanto que se les escapaba por la boca, cuajada de risa franca; por la mirada, clara como aquel agua límpida que llegaba hasta el otro mundo, el del verbo tener; por las manos, abiertas para recibir, así, como verbo intransitivo, sin complemento ninguno.

Aquellos ojos jamás habían mirado y, a  buen seguro, jamás mirarían casas, zapatos, perfumes de esos que tú ves, sin mirar, cada día. Pero tenían tanto, tanta vida sujeta al fondo de sus retinas que, por un momento te cegaba y no veías nada, su nada, la nada mas absoluta que supone no tener, ni siquiera, envidia, miedo, rencor.

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Que no descubro nada ya lo sé; que otros antes y muchos después se quedarán igualmente impactados viendo el derroche de vida de quienes no tienen nada más que eso, la simple existencia (a veces la mísera existencia, la cruel existencia, la inhóspita existencia  y alguno cuantos calificativos más que “los del verbo tener” jamás hemos pronunciado). Y, desde luego, habrá mil letras que den fe de ello. Pero no siempre uno descubre misterios a través de las letras, a veces simplemente basta actualizar las verdades en la cabeza, darles cuerda como a un reloj para que hagan tic tac justo a tiempo.

Precisamente eso es lo que quiero hacer con este final del post, ahora que la Simone cabalga a sus anchas por la noche. Esta noche negra que ya no pesa. Que se ha vuelto ingrávida, como  los zapatos, la casa, la falda, los perfumes, la cerveza… y tiene ese aire que anticipa la fiesta, ese que suena al cristal de una copa de champagne brindando por la vida.

Recordar. Simplemente recordar que al verbo tener le sobran demasiadas cosas. A veces todas, incluso. Y que es una verdadera lástima que ese misterio sólo cobre importancia cuando le falta una, tan sólo una: (la tranquilidad de) seguir viviendo, como es una lástima que lo olvidemos tan a menudo que tenga que ser un niño, con la noche en su piel y tanta fortuna en sus ojos como miseria en sus manos, quien nos haga echarle de nuevo cordura al haber y al debe de cada mañana. Quien nos saque, una vez más  los colores (¿cuántas necesitamos?) cuando advertimos que su risa franca no le debe nada salvo a la tierra, a la sangre, a la lluvia… y nos obliga a recapitular: Nada, eso es cuanto necesitas tener, la vida es suficiente. Pero quizás todo esto sólo sean palabras; palabras que salen de una noche negra, para abrirse camino en el día claro. Qué importa: la canción ya ha terminado. Y yo …

Tengo mi vida

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Ain´t got no, I got Life. Nina Simone.

[Tema extraido del musical Hair, que Nina introdujo en su album Nuff Said que coincidió con la muerte de Luther King y que fue icono de la reivindicación de los derechos humanos de la población afroamericana]

Texto y fotografias: Be Naive

Música: Ángel Maíllo

I’LL NEVER FALL IN LOVE AGAIN

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SECCIÓN CHAMPAGNE Y MÚSICA DE FONDO

             POST EN COLABORACIÓN CON EL BLOG CHAMPAGNE PARA DESAYUNAR

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– No me vuelvo a enamorar más. 

– No, espera, creo que no se ha oído bien. No me vuelvo a enamorar más!. _Dijo de nuevo, alzando la voz interior_

– No, espera, no ha llegado a todos los rincones, mejor desde esta esquina. _dijo colocándose en el punto exacto en el que el eco se pudiera oir hasta en el estómago, ese de las mariposas_

_ No, espera … _dijo…Y el amor la interrumpió_

 

Era un día de verano, de este agosto que no se escribía con A sino con L, de Libertad, que me llevaba en volandas por caminos vírgenes para mi, bailando hasta el amanecer con un maleta vacía que pretendía llenar de vida y con la que recalaba en Verona, la (verdadera) ciudad del amor como primera escala. Allí y entonces, con la música apenas sonando en el Gramófono, se colaba a hurtadillas una voz leve que insistía en no volverse a enamorar. Y debo confesar que resultó una divertida casualidad tararear a una desconocida _para mí _ Dionne Warwick empeñada en mantener su corazón inerte mientras el amor se destilaba puro entre Romeo y Julieta en aquel balcón de piedra veronés; entre cientos de Romeos y Julietas que, yo misma los ví, iban dejando su mensaje de amor en unas paredes cuajadas de promesas de colores y de ilusiones manuscritas.

Ahora, después de enfriar cinco minutos este septiembre, descorchado con la resaca de un agosto inmenso, me sirvo de nuevo una de la Warwick y jugueteo con ese lamento ingrávido. Que no, que no me vuelvo a enamorar. Que no me dejo querer más. Que no quiero querer. Pero a mi es que me entra la risa. Será que me acuerdo de mis dieciocho, nihilista hasta la médula en aquello de los afectos, y me doy cuenta que mi corazón debió ser el kamikaze rebelde que se escapó una noche en que la razón se durmió cinco minutos mientras hacía de imaginaria, porque aquel grito que (yo también) lancé por entonces se perdió en algún punto del camino, eso lo tengo claro. Después no lo encontré jamás. Ni pude, ni quise.

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Y es que ¿quién no ha cogido los mil pedazos en que le han volado el corazón y los ha apostado todos al no me vuelvo a enamorar más, con el fuelle del pundonor sosteniendo la cabeza en alto; así, como se hacen los actos valientes?. Aquella amiga que llora desconsolada mientras barre los cristales rotos de las ilusiones; el amigo que se ha convertido en carton-piedra, que suena más varonil, que no niña, que yo ya no me dejo; la chica de aquella peli de desamor, que lo borda a base de ensayos dejando caer las pestañas comidas de lágrimas al tiempo que le tiembla el mentón (alguna más he conocido que lo borda a base de ensayos, pero sin films ni directores, a pelo, en la vida real. Reincidencia pura y dura).

Imposible no sucumbir, entregar hasta el pellejo a ese salvoconducto a la integridad sentimental. El dolor es lo que tiene, que mueve montañas … y para corazones. O lo pretende. Y cuando te atraviesa el mismo tuétano, está permitido apretar el botón de stop. Porque ese no me vuelvo a enamorar más es una suerte de conjuro para ahuyentar el dolor, ojos de sapo- pata de rana*.…; es un grito de guerra, con las pinturas puestas y la trinchera en pie, que sabe más bien a cuerpo a tierra, a tregua, a  bandera blanca.

Mentiras, dolor, tristeza es lo que obtienes cuando te enamoras, cadenas que te atan; y un tipo que te pincha la burbuja; lo dice Dionne, así como quien no quiere la cosa, que para estos menesteres a mí me hubiera convencido más el tormento de la Simone. Y tiene razón, uno de esos amores de esquinas afiladas te arrasa por dentro y te deja yermos los te quiero; y, en ese momento, firmarías una temporadita de amores al peso, de esos templados que apenas les alcanza el calor para las sábanas.

Pero es que la posibilidad de caer en galeras va implícita en tener el valor de enamorarse. Porque al que le han volado el corazón es por que alguna vez lo puso en alguna parte. La alternativa: corazones de hojalata. De esos también he visto alguno, pero pasarán a la historia sin pena, ni gloria, …ni canciones que suenen en un gramófono. Seguramente también sin burbuja.

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Por eso este I´ll never fall in love again es así, ligero; como pidiendo que le quites la razón, que le devuelvas la fe, el fuego, lo sonetos a media noche y los cafés de la mañana. Como pidiendo “desvísteme, y empieza por desabrochar este escudo, que caiga al suelo, que lo oigamos chocar contra la esperanza y partirse en dos: tu y yo.”

Y es que ese nunca es un nunca con un siempre medio vacío que hay que completar hasta que desborde el vaso, no vaciarlo de golpe.  Un nunca que se entona fuerte con tequila, sal y limón pero que se viene abajo a poco que rascas (la trampa y) el cartón de su corteza.

Así es que, permíteme que te diga _ a Dionne, a la amiga, a tí. Y también a TI_: que te hagas el/la valiente mientras te mueres de miedo, si quieres. Que cojamos el manual y nos volvamos expertos en desactivar los circuitos, yo te ayudo. Que simules que puedes e, incluso, disimules si no has podido. Pero que no te engañes. A ti no. Porque sabes perfectamente que, para cuando quieras acordar, unos ojos te habrán tumbado apenas en un segundo y unas manos serán tu perdición sin haberte tocado si quiera. Y yo, si estuviera en tu lugar, no quisiera perdérmelo.

Porque maniatar un corazón con las cuerdas que el pensamiento teje es cederle el mando a un capitán sin poder y, a partir de ahí, ya puedes cruzar los dedos para no encontrar esos ojos que te tumban o esas manos que te pierden; porque esa será, con suerte, la única opción de que no te enamores de improviso, a traición y sin posibilidad de replica.

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I’ll never fall in love again

 Texto y fotografia: Be naive  Champagne para desayunar

  Música : El Gramófono

COME AWAY WITH ME

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SECCIÓN CHAMPAGNE Y MÚSICA DE FONDO

“2º POST EN COLABORACIÓN CON EL BLOG  CHAMPAGNE PARA DESAYUNAR

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Me callas con un beso, mientras el cigarro se consume y el primer café de la mañana se nos ha hecho mediodía. Podríamos perder la noción del tiempo, que dejara de salir el sol los días pares, y no importaría en absoluto; no alteraría el orden perfecto en que se sucede lo importante: tú, yo; yo, tú. Universo perfecto.

Me callas con un beso y me das la espalda y te veo, como tantas veces, acercarte al gramófono; tu espalda lleva aún las marcas de mis dedos dibujando símbolos tribales sobre ella y del carmín de mis labios sedientos, que han bebido de ti; y, desde la distancia, me sigue pareciendo que su contorno y el de la mía se dibujaron de un sólo trazo.

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Retiras el vinilo, alargas la mano, tanteas al azar otro que lo sustituya y levantas la aguja suavemente. Apenas te detienes un segundo esperando: Norah Jones. Tu cabeza asiente imperceptiblemente, la mía copia el gesto, reflejo de ti, justo en el momento en que se abre paso ese ruego leve, ese “Come away with me”, un canto de sirena que no implora, que simplemente enuncia una realidad contra la que no cabe resistencia alguna, con una voz tan dulce y serena que sustraerse a ella sería imperdonable.

Y es que, en ese preciso instante, los dos hemos vuelto a vernos, exhaustos, el corazón desollado, los ojos en los ojos preguntando si avanzar o retroceder, midiendo las fuerzas, la valentía, tanteando la dimensión del abismo, el de quedarse en tierra firme quiero decir, que el vacío de saltar jamás pudo compararse al helor de permanecer quieto … sin ti, sin mí.

Ninguno de los dos fuimos nunca de sangre fría, pero juntos ardíamos y a punto estuvimos de consumirnos en el infierno, faquires de un amor incandescente del que había que huir o morir en el intento. Difícil encrucijada que resolviste encontrando la solución a la ecuación: quererse como niños, amarse como adultos.

Me enternece recordarte ahora, en una mano los miedos, apenas atados con la cuerda con la que habías puesto el reloj en hora, latiendo vivos, tratando de ganar posiciones; en la otra, con pulso tembloroso, tu futuro. Podía reconocerlo sin lugar a dudas; al fin y al cabo pasé mis dedos por él mil veces mientras lo unía milimétricamente al mío. Jamás un hombre fue tan atractivo como tú, dividido, roto en dos, pero cierto, frente a mí, entregando lo más valioso que se puede entregar, el miedo y la voluntad tozuda de no darle tregua y apostarlo todo aunque se pierda.

Te imaginé sopesando, bordeando la línea, sintiéndola un precipicio al que saltar se convertía… quizás en todo, quizás en nada, como una moneda al caer: cara o cruz.

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Y rompiste a hablar. Porque tu voz quebró, rompió, la inercia que nos empujaba a protegernos de las llamas, abocándonos a una vida templada de amores templados. Tu voz salía de la trinchera, sin fusil, no para rendirse sino para ganar, para ganarme con una sola palabra:

Ven.

Quise decirte…que recordaras que me gusta hacer castillos en el aire y dejarlos suspendidos mientras todo pasa por debajo, que tropiezo una y mil veces con la misma piedra. Y también con la realidad. Que, si unes la linea que hay entre mis huellas, verás que tiende la mitad más una de las veces a la utopía.

Que no soy práctica, ni puntual, ni ordenada. Que las únicas monedas que me interesan son las de cambio … para negociar besos; que en mis noches en vela me he aprendido los colores del arcoíris y cada palabra que me escribiste.

Que no sé coser, aunque sabría unir tus heridas con hilo de plata si me dejaras.

Que soy incapaz de encontrar la dirección correcta a ninguna parte, salvo a ti, que me la sé de memoria por tierra, mar y aire. Que si cierro fuerte los ojos, aún no te has ido y que podría dibujar toda la noche símbolos tribales sobre tu espalda sin ceder al sueño. Que jamás te necesitaré pero que puedo quererte para siempre.

Que me equivoco más de lo que la paciencia podría soportar. Que soy irremediablamente imperfecta. Y tuya.

Pero no hizo falta.  Ven, repetiste… Conmigo. Zanjaste.  La moneda había caído de cara. Y en ese instante tú, TÚ, te convertiste en mi latitud, en mis coordenadas.

 

Voy.

Y ahora Norah Jones derrama esa súplica por el salón, demorándose en la piel del sofá y en la de nuestros cuerpos y, mientras nos envuelve mansa pero pertinaz, los dos recordamos que tú supiste, quisiste y pudiste conjugar el verbo amar en su más pura expresión: Ven. Y yo, haciendo reciproco tu coraje, fui.  …

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Era una noche calurosa, de julio, aquella en que en un intermedio del intermedio de nuestras vidas, decidimos ser un contigo, y no un sin ti.

Sonrío, pensando en esas breves e inocuas decisiones del día a día, como cambiar un vinilo por otro. Sonrío porque recuerdo que sí, que te cosí las heridas con hilo de plata y que jamás aprendí a ser ordenada y que, precisamente por eso, mis discos no están colocados en orden alfabético, como los tuyos, y que al lado del de Norah Jones olvidé algún día aquel de la Chapman con el que, incapaces de decir lo siento, te amo, quédate a mi lado, habríamos cedido al miedo: Baby can I hold you. Inevitable imaginarlo con la capa de polvo del olvido, la misma que cubre lo que pudo haber sido y no fue, solo que en esta oportunidad lo que sí fue era lo inevitable. Porque hay amores que son eso, inevitables.

Te giras, me miras y sé que el infierno queda en la esquina de una calle que ya no me pilla de paso, porque pronuncias mi nombre y me llamas (Come away with me…) mientras tus pasos gravitan hacia mí, y converges, y convergo. Y podríamos perder la noción del tiempo, que el sol dejara de salir los años pares, y no importaría.

 

Come away with me… 

Y yo a tí. 

 

 

Autora: Be naive

Blog: Champagne para desayunar

SUMMERTIME

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Summertime

Inauguramos la sección Champagne y música de fondo de nuestra compañera Be naive, autora del blog  Champagne para desayunardonde hará sus reflexiones en voz alta mientras la música suena de fondo. La música elegida hoy es la canción Summertime,  en esta ocasión interpretada por Billie Holiday.

 

Se va apagando el día, al fondo la ciudad se desdibuja. Tu otro tú, el que lleva un reloj impertinente al que le faltan horas, se quita los zapatos y, descalzo, se sirve una copa de vino justo cuando ella se cuela en el gramófono para acunarte, todo está bien, todo está en orden, ...fish are jumping.

Y ahí, de pie, de espaldas a la puerta que le da la espalda al día, te dejas mecer por el satén de su voz negra, nothin’ can harm you , nothin’ can harm you y, en sus labios descubres que el verano sabe de nuevo a beso lento, como en los diecisiete.

Summertime

Summertime.

 

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Entonces cierras los ojos y te acaricia, casi, el vaivén de la nana que te lleva un poquito más allá. A esos veranos eternos cuando al acabar las clases sacabas las ganas guardadas del verano anterior, intactas, y las ponías en orden, los amigos de lugares remotos (cuando el norte era tan lejano para el sur como viceversa y el atlas se nos representaba como un desplegable imposible), el agua salada, los paseos por el puerto, nadar, nadar mar adentro sin más miedo que aquella resaca que, a lo sumo, te revolcaba el pundonor en el rompeolas. Benditos peligros los de la infancia.

Y ya puestos, por qué no recordar cuando una pala y un rastrillo eran los hacedores del castillo de tu reino y el mundo cabia en un cubito amarillo. Ese tiempo en que al esfuerzo de tus manos pequeñas sólo lo tumbaba una ola y todo, todo, se arreglaba con un cura sana

Summertime.

Summertime and the livin’ is easy

De chicos el verano duraba una vida como poco y en él te sentías indemne, invencible… qué tremenda sensación la de capitanear el tiempo; lo recuerdas?

Luego llegaron los inviernos, fríos: huesos que se quedan helados mientras pierden la memoria a la vez que el calor y, entretanto, con el tiempo te olvidas de los castillos mientras pagas la hipoteca de tu nuevo reino, de ladrillo, no de arena, y cambias la pala y el rastrillo por el uniforme, porque a trabajar vamos todos uniformados y, al fin, te das cuenta de que el tiempo no es eterno ni el sur y el norte están en las antípodas; no, ahora cogemos un vuelo y nos plantamos en Barcelona desde Málaga dando golpecitos al cristal de ese reloj impertinente mientras el segundero marca siempre cinco minutos más tarde y la prisa sopla las velas del barco a vapor en el que te has convertido.

Qué poder tendrán los recuerdos que te alcanzan quieras o no y te conjugan en presente cualquier estampa en sepia… Ella rescata esta noche una de esas estampas para mi con esta nana de saxo: una mecedora, una siesta, los brazos de un madre tejiendo un sueño bonito para su pequeña, el calor de agosto cómplice, chicharras en la arena caliente, y la sal pegada al cuerpo después del último baño. Ese fue, ese es mi “nada te hará daño” que sale de la cajita de los recuerdos, lleno de polvo y tiempo, y me abraza y me susurra que una mañana me voy a levantar cantando y extenderé mis alas y tomaré el cielo.

Entonces caigo en que esta voz con con alma, que flota junto con el aire cálido que ya va entrando por la ventana, tiene el color de las heridas y sabe a soledad rotunda, y que su melodía esconde, en realidad, un ruego: dime que todo estará bien, que los peces saltan… ,y que entre la languidez de su timbre hay un deje, apenas imperceptible, de vida y que es por eso por lo que esta dama rota me trae, esta noche, aquel verano de los diecisiete y el sueño sereno entre los brazos protectores.

Yo quiero un verano esta noche. Quien tiene uno de sobra? uno de esos de hechos del satén de una voz negra… porque que a veces necesitas que te digan que todo está en calma, que todo está bien y te acunen

and the living is easy

 

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No sé qué tema sonará a continuación en el gramófono pero sé que, apurando el último sorbo de vino, apuro también la brevedad de ese cuerpo y esa voz desvencijados y, antes de que se pierda el último compás, me guardo un puñado de arena en el bolsillo, una noche de verano y un beso de esos de los diecisiete años para mañana que, lo he decidido, me levantaré cantando y extenderé mis alas y tomaré el cielo. Porque ya casi es verano. Y todo está bien.

 

Hush, little baby; don´t you cry.

 

Autora: Be naive

INAUGURAMOS NUEVA SECCIÓN, CHAMPAGNE Y MÚSICA DE FONDO

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Inauguramos nueva sección en nuestro blog,  algo que siempre es un motivo de satisfacción, en esta ocasión reservamos una sección a una compañera bloguera. Ella se hace llamar Be naïve y nos trae el viento fresco de las tierras cálidas del sur, con aromas a salitre y jazmín. Ella tiene una sensibilidad especial para conjugar la música con las palabras, lo demuestra en su blog champagne para desayunar un rincón sereno para la reflexión que recomendamos a nuestros lectores.

Be naïve es una andaluza  que, como ella misma nos cuenta en su blog, podría ser la chica con la que te cruzas cada mañana camino al trabajo, la voz de la radio,  el buenos días olvidado en un banco del parque; el fondo, la esencia, el ímpetu que juega a hacer malabares con las palabras en voz baja y con luz tenue. Si le preguntas por una palabra que defina Champagne para desayunar lo tiene claro: intimista, delicado y aparentemente frágil, su blog, destila ardor entre colores suaves y metáforas trazando paralelismos entre las cosas más pequeñas y las cosas más grandes, buscando hacer eco con la emoción, con la ilusión, con la esperanza incluso.

“Champagne para desayunar, nos dice, es un proyecto que llevo guardando en el cajón de las cosas que quiero hacer hace mucho tiempo. Circunstancias de la vida hicieron que hace tres años lo sacara del cajón pero apenas se quedó en un boceto. Supongo que cada cosa tiene su momento y, tiempo después y algún detonante más, dedicando las noches que le robaba al descanso después del trabajo fui dándole forma, literalmente, mientras peleaba con programas informáticos y aprendía desde la base y, por fin, levanté una estructura lo suficientemente detallista y coherente con el fondo que pretendía poner dentro de ella.  He querido reflejar en este blog, añade, una aparente dulzura, a través de una estética sutil y refinada que es la que rezuman las fotografías cuidadosamente escogidas, los colores tenues, que envuelven en una especie de bruma y preparan el ambiente para que las emociones tomen forma, y la música con alma, como yo la llamo. A partir de ahí, la palabra toma el protagonismo. Sentir, soñar. Vivir, levantarse.

Haciendo una comparación, Champagne para desayunar viene a ser como un momento suspendido en el que uno se desnuda del día a día y se sienta a compartir con la vida una copa de vino tinto mientras desde el tocadiscos una voz de aguardiente y sal llena el espacio.”

Y, de ahí surge la idea de esta nueva sección, en la que El Gramófono y Champagne para desayunar se encuentran donde el sonido y la palabra se dan la mano.

Nuestra sección, como no puede ser de otra manera, se llamará Champagne y música de fondo. Nosotros pondremos la música y Be naïve sus reflexiones. Un proyecto novedoso, el cual me parece muy interesante, reflexiones y buena música, palabras entremezcladas con notas musicales, sentimientos; emociones, canciones, música, amor, desamor, felicidad, alegría, melancolía. Champagne y música de fondo será un espacio para la evasión, donde encontrarnos con nosotros mismos, donde fusionar música y palabras, reflexiones y sonidos, te esperamos.