DE TODO UN POCO

FITO CABRALES, CORAZÓN Y HUESOS

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fito

Adolfo Cabrales, más conocido como Fito, se ha convertido en un referente en el panorama musical en España. Este músico bilbaíno de pelo rapado, cuerpo menudo unido a su inseparable guitarra, ha ido evolucionando en su ámbito personal y musical. Supo reconducir su vida después de un tiempo enganchado a las drogas y eligió seguir con su pasión y a la vez profesión, la música.

Después de una juventud nada fácil, dejó su trabajo como camarero en un prostíbulo, o como dice el propio Fito, le gusta más la denominación, barra americana. Se unen una serie de amigos de su barrio para formar, a finales de los ochenta, un grupo de rock, con un estilo apartado del rock radical vasco, que tan en boga estaba en ese momento. Ellos se decantarían por un tipo de rock más clásico, tomando como referentes a bandas españolas como Leño u otras extranjeras como: Status Quo o AC/DC, entre otras. La banda en cuestión se llamaría Platero y Tú, alcanzando bastante notoriedad en este género, durante los 90, con canciones como: El roce de tu cuerpo, Hay poco Rock and Roll o Tras la barra.

A finales de los 90 Fito, crea de forma paralela a Platero y Tú, la banda Fito y los Fitipaldis, ambas coexistirán durante algún tiempo, pero finalmente Platero y Tú se disolverá y Fito se centrará en su nuevo grupo Fito y los Fitipaldis, con un estilo que dista mucho al de su anterior banda roquera. Este giro hacía un nuevo estilo musical más intimista y pausado, le costará no pocas críticas por parte de los puristas del rock. Quizás el secreto del éxito de Fito y los Fitipaldis, está en su madurez. Fito hace canciones que hablan de la vida, muchas con tintes autobiográficos narra su pasado con  las drogas, como en el tema, Corazón oxidado en la que nos habla de su adicción al speed. En esta nueva etapa Fito abre su alma a la música y cuenta las miserias, penas y alegrías de su vida y de nuestras vidas. En Fito y los fitipaldis, aún se atisban las raíces roqueras, en algunos temas, con influencias de la última etapa de su anterior agrupación Platero y tú.

En 2001 Fito trabajará en la grabación de un disco, junto al placentino Robe Iniesta, en el que ambos interpretarán temas del poeta Manolo Chinato, bajo el titulo Extrechinato y tu. En 2004 llegaría uno de los temas más conocidos y de mayor éxito del grupo-Soldadito marinero-incluido en el álbum, lo más lejos a tu lado. Una bonita balada que tiene como protagonistas la tristeza y el amor. A partir de aquí Fito y los Fitipaldis continúan con una vertiginosa carrera hacía el éxito, con canciones con grandes influencias del blues, otras más roqueras, con la guitarra como principal protagonista, así como el  profundo sentimiento que las imprime Fito Cabrales.

Canciones como; entre las vías, corazón oxidado, me equivocaría otra vez o pájaros disecados, entre otras muchas. Son canciones que nos hablan de la tristeza, del amor o de la propia existencia. Si nos fijamos Fito Cabrales menciona muy  a menudo en sus canciones al corazón y los huesos, quizás porque nos abre su corazón a la música, a sus propias vivencias en un pequeño cuerpo en el que seguirá cantando mientras le aguanten los huesos.

 

Siempre estoy soñando

 

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PREMIOS 20 BLOGS

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Este año se celebra la XII edición de los conocidos, Premios 20 blogs, organizados por el periódico digital, 20 minutos. El Gramófono, se presenta una vez más como candidato en la categoria de, Cultura música y tendencias. Desde hoy día 26 de marzo y hasta el próximo 11 de abril se abre la fase de votación, en la que los lectores podéis votar a vuestro blog favorito en cada una de las categorías. El nuestro lo podéis encontrar en el siguiente enlace

https://lablogoteca.20minutos.es/el-gramofono-50173/0/

Para votar es necesario registrarse, rellenando un sencillo formulario

http://www.20minutos.es/usuarios/registro/

Si os gusta nuestro blog podéis votarnos, gracias y suerte a todos.

 

 

 

 

AYER SOÑÉ…

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alambra

Ayer soñé en una mañana serena y hermosa, me encontraba en un grandioso patio palaciego rodeado de frutos, flores y emparrados. Aromas suaves entremezclados con mirto, romero geranios, claveles y hortensias. El cielo se vestía de un azul intenso alejando a los negros nubarrones y con ello al frío y la desilusión. Paseaba entre grandes cipreses, fuentes que dejaban caer chorros de agua cristalina. Todo me inspiraba sentimientos de armonía y felicidad, todo era delicado y hermoso. El silencio tan solo se veía interrumpido por el sonido del agua, el alegre canto del ruiseñor, el gorjeo de los mirlos y los chillidos de las inquietas golondrinas.

Las paredes de un gran edifico palaciego proyectaban sombras en el exuberante jardín, por el que habían transcurrido sin duda, el paso de los siglos, gentes, leyendas, princesas, reyes, de los que tan solo las paredes del mismo o aquellos esbeltos cipreses eran callados testigos. Caminando por el agradable paseo llegué hasta una terraza, sobre la que se asomaba una vista espectacular con fértiles valles, cerros rocosos y grandes planicies. Contemplé el bello paisaje que me ofrecía mientras un viento ligero fresco, puro y suave acariciaba mi rostro.

El sol iba ganando altura según avanzaba la mañana haciendo brillar el valle,  tocando con sus rayos el transparente follaje de los espesos bosques en la lejanía. Abandoné el hermoso balcón y continué paseando por los jardines  de este paraíso terrenal que retaba a mis sentidos, con colores aromas y sonidos que nunca había experimentado. En este apacible escenario en el que me encontraba no parecía existir el tiempo, ni en pasado ni en presente, tan sólo existía ese instante preciso. Me encontraba como prisionero en el tiempo, entre los jardines de un inmenso palacio, digno de reyes, ahora silenciado por el paso de los siglos, aguardando  mudo en un enclave estratégico en lo alto de una colina, erigiéndose cual monumento ante la callada ciudad.

Quise imaginar a los antiguos moradores de aquella residencia. Por un momento pude escuchar el sonido de las dagas, las espadas, el trote de los caballos, la dulce voz de la princesa, el ajetreo de tanta gente que podría estar al servicio de los dueños de semejante construcción. Dejé atrás las gestas y hazañas del pasado y me concentré en el momento, en admirar toda aquella belleza y la paz que me ofrecían los paisajes que tenía alrededor, una paz y una calma difícil de encontrar en nuestras ajetreadas vidas.

Aquellos jardines silenciosos, rodeados por edificios, cual refinados palacios de oriente, desaparecieron cuando desperté y volví a los paisajes conocidos de la ciudad, alejados de los suaves sonidos del ruiseñor y las fuentes, que eran sustituidos por el grave sonido de los motores de los coches y el silencio del tumulto cotidiano. Hoy persigo mi sueño y quiero buscar aquellos jardines  y la historia de un palacio que seguro existe en algún lugar del sur.

 

Y Quizás nada mejor para ilustrar el post que esta pieza; Recuerdos de la Alambra de Francisco Tárrega.

 

 

 

 Y hablando de sueños también me gustaría dejar esta canción del grupo Abba, I have a dream

 

IT’S A HEARTACHE

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Esta tarde de verano transcurre plomiza, calurosa el aire casi se puede palpar. Las calles están solitarias, el sol estival hace que la gente se resguarde hasta la caída del sol, otros buscan aliviar los rigores del verano a la orilla de piscinas, ríos o los más afortunados en el mar.

Mientras coloco algunos papeles suena en la radio una vieja canción que me transporta al pasado, It´s a Heartache interpretada por Bonnie Tyler, este tema seria grabado por Tyler en 1977. Es una canción con una estructura muy sencilla, pero resulta agradable. Hacía mucho tiempo que no la escuchaba, por unos momentos me vienen a la cabeza recuerdos de niñez, tardes de merienda, juegos, largos veranos. Recuerdo la voz ronca y rasgada de Bonnie Tayler un estilo muy particular que alcanzó grandes cotas de popularidad a finales de los 70 y  principios de los 80.

 

 

La nostalgia me invade con esta música, no es que sea una gran canción pero para mí representa una época un periodo de mi vida, en la que no paraba de sonar en programas de radio y televisión. Po aquel entonces yo tendría poco más de 10 años, dulce etapa de la niñez que transcurre entre juegos, sueños, fantasías e ilusión. Estoy seguro que a muchos de vosotros os sucede algo parecido con canciones que van asociadas a una época concreta de vuestra vida, esa música que tiene sus propias imágenes.

Al terminar la canción, me pica la curiosidad y busco otras versiones de este tema y encuentro algunas interesantes como el de el joven cantante Irlandés Derek Ryan

 

 

Y encuentro otra que me parece extraordinaria, por el parecido con Bonnie Tayler, se trata del gran Rod Stewart con esa voz rota. Siempre asocie a estos dos cantantes, quizá por el parecido en el timbre de sus voces.

 

 

No podía faltar la versión de Juice Newton que alcanzaría un notable éxito

 

 

Abro la ventana el sol se acaba de poner, la tarde está en calma como suspendida las paredes y el asfalto irradian calor después de un día de sol intenso y abrasador, vuelvo a la realidad después de haber revivido por unos cortos pero intensos instantes recuerdos de niñez; aromas, sabores, colores, juegos… Las canciones nos pueden transportar a momentos y vivencias determinadas, esta es la grandeza de la música.

LA TORMENTA

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El final de la tarde pasa cálida y apacible entre aromas florales entremezclados con olores que evocan mi memoria, olor a aceite caliente, a comida, a cenas en familia al oscurecer, a mi infancia. Todo está en calma, el bochorno y las nubes con curiosas formas, presagian tormenta. Siempre me gustaron las tormentas ligadas a la primavera y principios del verano. Esos momentos previos, la calma, la luz, el viento, los olores, el espectáculo, el misterio de la naturaleza.

La calma se ve perturbada por ligeras ráfagas de viento que cada vez se van haciendo más fuertes, los sonidos parecen tomar eco, oigo ladridos de perros, el motor de coches que pasan por la lejana carretera, voces y ruidos entremezclados. Se van formando pequeños remolinos de hojas en la calle, el viento arrecia ahora con fuerza trae hacia mi rostro aire cálido con corrientes de aire fresco. A lo lejos suenan truenos prolongando su sonido. Me encanta oír el sonido de los truenos en lontananza que van expandiéndose poco a poco, a veces me parecen cercanos a  la propia música con ese eco que se propaga por todo el cielo.

El viento comienza a traer olor a tierra mojada. Me gustaría guardar este aroma tan intenso en un frasco, y poder destarparlo de vez en cuando por su pureza, frescura y naturalidad, un aroma con memoria, tardes de verano, calor, sonrisas y tantas cosas…

Comienzan a caer las primeras gotas de lluvia, son frías,  el aire que ahora parece más calmado sigue soplando cálido y fresco a la vez. Los truenos que antes se dejaban oír en la lejanía ahora suenan con mayor contundencia, como furiosos, a lo lejos veo el resplandor de los relámpagos que iluminan las negras nubes a esta hora ya casi sin luz. Los rayos hacen formas espectaculares precedidos por el ruido sórdido y potente de los truenos. El atardecer nos regala un espectáculo inigualable, la oscuridad del cielo se ilumina con la luz de los relámpagos. La lluvia cesa, ya no hay viento, todo queda en calma, tan solo se oyen a lo lejos los sonidos de los truenos que llevarán la tormenta hacia otro lugar.

Una de las piezas musicales que mejor describe la primavera en la naturaleza, en la que irrumpe una tormenta es la Sinfonía nª6 en fa mayor op 68 más conocida como “Pastoral”de Ludwing Van Beethoven. Una música que describe por si sola mucho mejor que yo, lo que aquí he querido contar. El segundo movimiento describe una tormenta en lontananza y el tercero la tormenta en sí.

 

EL CAMINO

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Cae la tarde, escucho de fondo la voz de Norah Jones con la banda Little Willies con una bonita canción  Roll on. La vida transcurre veloz como un tren que nos adentra de vez en cuando en oscuros túneles donde los sueños se desvanecen. El viaje continua, observo impasible los paisajes que me muestra el camino.

 

 

El camino, esa larga senda que recorremos sin pensar en el destino, tan solo caminamos mirando al frente sin detenernos a observar a nuestro alrededor, en este instante, en el momento presente, miramos siempre hacia delante o hacia atrás, pero yo quiero detenerme y contemplar este presente efímero que ya casi es pasado.

 

 

Tratamos siempre de continuar por la senda por la que caminan los demás, siguiendo sus huellas. Aunque a la mayor parte de nosotros nos gustaría seguir, quizás otro camino diferente, construyendo nuestro propio sendero a la vez que forjamos nuestros sueños y deseos, pero continuamos  guiándonos por las pisadas de los demás, tomando la vía principal que es la que debemos seguir todos.

Después de estas reflexiones tan profunda rebusco en mi lista de spoty tratando de encontrar algo de música que prolongue este momento de enajenación mental transitoria. Encuentro una gran canción, Hallejulah, una de mis favoritas del músico y poeta Leonar Cohen, pero elijo una versión de la cantante Inglesa Kathryn Williams un cover más triste y melancólico que el del propio autor o de la conocida versión de Jeff Buckley.

 

 

Sumido en una honda sensación de nostalgia en la que me ha dejado esta canción, trato de volver al mundo real, a lo irrelevante, a lo cotidiano a esas pequeñas cosas que hacen el día a día, miro el reloj, las cartas que hay encima de la mesa, cartas sin contenido, facturas, propaganda y poco más, el teléfono móvil con recordatorios de multitud de whatssap de amigos y de infinidad de grupos absurdos. Me dirijo hacía la cocina abro el congelador para sacar algo de comida congelada para comer mañana. Me asomo  a la ventana, la vida sigue… coches de un lado para otro, gente caminando, gritos de niños, murmullo, ruidos de motores, algunos cantos de pájaros en la lejanía acallados por los estruendosos sonidos de la urbe, en definitiva son los ecos de la cotidianeidad de la que están hechas cada una de nuestras vidas.

 

MI CAJA MÁGICA

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En mi mesa ocupa un lugar privilegiado una pequeña caja, en ella guardo celosamente multitud de recuerdos y también proyectos, sueños, amores, vivencias. La abro muy a menudo, cuando quiero huir de la realidad y transportarme a otros tiempos, cuando la tristeza me embarga intento encontrar consuelo en ella, también en momentos, cortos pero intensos de alegría, rebusco en ella y me ayuda a prolongar o  al menos a mantener ese instante.

En mi caja voy guardando cosas que voy encontrando en mi camino y que me gustan, estas pasan a formar parte de mí, para utilizarlas cuando yo quiera. Este es un utensilio particular, íntimo, que tan sólo yo puedo abrir, guardo celosamente las llaves de mi caja en lugar seguro, aunque algunas veces me gusta compartir lo que ella contiene, con las personas más queridas, que al fin y al cabo forman parte del contenido de la misma.

Siempre me he preguntado como en un recipiente tan pequeño pueden caber tantas cosas,  como los sentimientos, sueños y anhelos.  Al abrirla tiene el poder de cambiar mi estado anímico, ayudarme a encontrar la paz en momentos de zozobra e incluso a evadirme de la realidad para entrar, por unos instantes, en otro mundo, en el que quiero imaginar, en el que me hubiera gustado que fuera y no es, en mi mundo ideal.

Mi caja siempre está disponible para utilizarla, a veces rebuscando en ella me sorprendo y encuentro algunas cosas que ya no recordaba que tenía, pero me gusta porque de esta manera revivo momentos pretéritos, porque si lo guardé, lo hice por algún motivo y efectivamente me doy cuenta que mereció la pena.

Sé que muchos de vosotros también guardáis vuestra caja, aunque lo que contiene cada una  es diferente, ya que cada persona tiene sus propias preferencias, aunque con el mismo fin, lo que en ella almacenais os sirve para alimentar el espíritu y avivar los sentimientos.

Mi caja aunque es pequeña tiene una gran capacidad para almacenar todas las vivencias, recuerdos, deseos y sueños. Lo que hay dentro de ella es intangible  tan solo se puede ver con el alma y sentir con el corazón. Lo que hay dentro de la caja es mi música.