EL TANGO, UN PENSAMIENTO TRISTE QUE SE BAILA.

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Hoy  me dio por escuchar tangos, un género que siempre me gustó, melancólico y a veces desgarrador, pero de una gran belleza. El tango es un género musical y una danza característica de la región del Rio de la Plata en Argentina. Es cierto que es un estilo musical muy exclusivo y peculiar, ya que según algunos investigadores este nació por la fusión de músicas de diferentes lugares con influencias indígenas, criollas así como de los movimientos migratorios procedentes de Europa llegados a este país especialmente de italianos.

El tango es además una danza muy sensual en la que se establece un estrecho vínculo emocional entre la pareja que baila este ritmo. Como he señalado el tango suele tener cierto aire de melancolía y tristeza, uno de sus mayores representantes , el compositor Enrique Santos Discépolo lo definía como “un pensamiento triste que se baila”.

La letra de los tangos, en muchas ocasiones contienen auténticos poemas, todos conocemos el popular tango Volver cuyo autor es el máximo exponente de este estilo, Carlos Gardel con letra de Alfredo Le Pera.

Volver con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien.

Tengo miedo de las noches que pobladas de recuerdos encadenen mi soñar.

Uno de las canciones más conocidas de este género, una auténtica obra de arte interpretada por infinidad de artistas. Aunque no debemos olvidar otras obras maestras como; Adiós muchachos o cambalache. Este último con una letra un tanto jocosa pero que sigue vigente en nuestros días una crítica a nuestra propia sociedad. Aunque en las letras de muchas de estas canciones existen palabras o incluso algunas estructuras o frases que los españoles no alcanzamos a entender pero que nos atraen por su musicalidad, por ejemplo: garufa, o algunas estrofas del extraordinario yira, yira:

Cuando rajes los tamangos, buscando ese mango que te haga morfar.

Nuestros amigos lectores de Argentina, que me consta que son muchos ,es posible que estén familiarizados con estas expresiones que para nosotros resultan desconocidas, pero que a su vez imprimen un encanto  único y especial a las letras de estas canciones.

Hoy quería rendir un homenaje especial al tango ese lamento triste pero cargado de poesía y belleza, un género muy interesante que nació de la fusión de diferentes culturas y ritmos  resultando un estilo único y peculiar con proyección internacional.

Volver Carlos Gardel

Cambalache

Yira yira

I’LL NEVER FALL IN LOVE AGAIN

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SECCIÓN CHAMPAGNE Y MÚSICA DE FONDO

             POST EN COLABORACIÓN CON EL BLOG CHAMPAGNE PARA DESAYUNAR

champagne

– No me vuelvo a enamorar más. 

– No, espera, creo que no se ha oído bien. No me vuelvo a enamorar más!. _Dijo de nuevo, alzando la voz interior_

– No, espera, no ha llegado a todos los rincones, mejor desde esta esquina. _dijo colocándose en el punto exacto en el que el eco se pudiera oir hasta en el estómago, ese de las mariposas_

_ No, espera … _dijo…Y el amor la interrumpió_

 

Era un día de verano, de este agosto que no se escribía con A sino con L, de Libertad, que me llevaba en volandas por caminos vírgenes para mi, bailando hasta el amanecer con un maleta vacía que pretendía llenar de vida y con la que recalaba en Verona, la (verdadera) ciudad del amor como primera escala. Allí y entonces, con la música apenas sonando en el Gramófono, se colaba a hurtadillas una voz leve que insistía en no volverse a enamorar. Y debo confesar que resultó una divertida casualidad tararear a una desconocida _para mí _ Dionne Warwick empeñada en mantener su corazón inerte mientras el amor se destilaba puro entre Romeo y Julieta en aquel balcón de piedra veronés; entre cientos de Romeos y Julietas que, yo misma los ví, iban dejando su mensaje de amor en unas paredes cuajadas de promesas de colores y de ilusiones manuscritas.

Ahora, después de enfriar cinco minutos este septiembre, descorchado con la resaca de un agosto inmenso, me sirvo de nuevo una de la Warwick y jugueteo con ese lamento ingrávido. Que no, que no me vuelvo a enamorar. Que no me dejo querer más. Que no quiero querer. Pero a mi es que me entra la risa. Será que me acuerdo de mis dieciocho, nihilista hasta la médula en aquello de los afectos, y me doy cuenta que mi corazón debió ser el kamikaze rebelde que se escapó una noche en que la razón se durmió cinco minutos mientras hacía de imaginaria, porque aquel grito que (yo también) lancé por entonces se perdió en algún punto del camino, eso lo tengo claro. Después no lo encontré jamás. Ni pude, ni quise.

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Y es que ¿quién no ha cogido los mil pedazos en que le han volado el corazón y los ha apostado todos al no me vuelvo a enamorar más, con el fuelle del pundonor sosteniendo la cabeza en alto; así, como se hacen los actos valientes?. Aquella amiga que llora desconsolada mientras barre los cristales rotos de las ilusiones; el amigo que se ha convertido en carton-piedra, que suena más varonil, que no niña, que yo ya no me dejo; la chica de aquella peli de desamor, que lo borda a base de ensayos dejando caer las pestañas comidas de lágrimas al tiempo que le tiembla el mentón (alguna más he conocido que lo borda a base de ensayos, pero sin films ni directores, a pelo, en la vida real. Reincidencia pura y dura).

Imposible no sucumbir, entregar hasta el pellejo a ese salvoconducto a la integridad sentimental. El dolor es lo que tiene, que mueve montañas … y para corazones. O lo pretende. Y cuando te atraviesa el mismo tuétano, está permitido apretar el botón de stop. Porque ese no me vuelvo a enamorar más es una suerte de conjuro para ahuyentar el dolor, ojos de sapo- pata de rana*.…; es un grito de guerra, con las pinturas puestas y la trinchera en pie, que sabe más bien a cuerpo a tierra, a tregua, a  bandera blanca.

Mentiras, dolor, tristeza es lo que obtienes cuando te enamoras, cadenas que te atan; y un tipo que te pincha la burbuja; lo dice Dionne, así como quien no quiere la cosa, que para estos menesteres a mí me hubiera convencido más el tormento de la Simone. Y tiene razón, uno de esos amores de esquinas afiladas te arrasa por dentro y te deja yermos los te quiero; y, en ese momento, firmarías una temporadita de amores al peso, de esos templados que apenas les alcanza el calor para las sábanas.

Pero es que la posibilidad de caer en galeras va implícita en tener el valor de enamorarse. Porque al que le han volado el corazón es por que alguna vez lo puso en alguna parte. La alternativa: corazones de hojalata. De esos también he visto alguno, pero pasarán a la historia sin pena, ni gloria, …ni canciones que suenen en un gramófono. Seguramente también sin burbuja.

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Por eso este I´ll never fall in love again es así, ligero; como pidiendo que le quites la razón, que le devuelvas la fe, el fuego, lo sonetos a media noche y los cafés de la mañana. Como pidiendo “desvísteme, y empieza por desabrochar este escudo, que caiga al suelo, que lo oigamos chocar contra la esperanza y partirse en dos: tu y yo.”

Y es que ese nunca es un nunca con un siempre medio vacío que hay que completar hasta que desborde el vaso, no vaciarlo de golpe.  Un nunca que se entona fuerte con tequila, sal y limón pero que se viene abajo a poco que rascas (la trampa y) el cartón de su corteza.

Así es que, permíteme que te diga _ a Dionne, a la amiga, a tí. Y también a TI_: que te hagas el/la valiente mientras te mueres de miedo, si quieres. Que cojamos el manual y nos volvamos expertos en desactivar los circuitos, yo te ayudo. Que simules que puedes e, incluso, disimules si no has podido. Pero que no te engañes. A ti no. Porque sabes perfectamente que, para cuando quieras acordar, unos ojos te habrán tumbado apenas en un segundo y unas manos serán tu perdición sin haberte tocado si quiera. Y yo, si estuviera en tu lugar, no quisiera perdérmelo.

Porque maniatar un corazón con las cuerdas que el pensamiento teje es cederle el mando a un capitán sin poder y, a partir de ahí, ya puedes cruzar los dedos para no encontrar esos ojos que te tumban o esas manos que te pierden; porque esa será, con suerte, la única opción de que no te enamores de improviso, a traición y sin posibilidad de replica.

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I’ll never fall in love again

 Texto y fotografia: Be naive  Champagne para desayunar

  Música : El Gramófono

EL ROMANCE ANÓNIMO TIENE AUTOR

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El Romance anónimo es una pieza popular muy conocida, sobre todo para aquellas personas que se inician en el mundo de la guitarra al ser relativamente fácil en su ejecución. Esta pieza musical de estructura sencilla posee una bella melodía con aire romántico y bucólico, además por su título está rodeada de cierto misterio, Romance anónimo.

Pero todo apunta a que esta conocida melodía no es tan anónima. Hagamos un poco de historia, parece ser que el conocido director de cine Francés, René Climent encargaría al conocido guitarrista Narciso Yepes, la banda sonora para una película llamada, Juegos prohibidos que sería estrenada en 1952. Dentro de la banda sonora destacaría el llamado Romance de juegos prohibidos o Romance anónimo, aunque el maestro Yepes sólo figuraría como adaptador musical e intérprete de la música de esta película y no como autor de la música. Algunos estudiosos atribuyen la autoría del mismo a músicos como Antonio Rubira, Fernando Sor  o a músicos más actuales como el guitarrista madrileño Vicente Gómez que podría haber compuesto esta pieza como banda sonora para la película sangre y arena en 1941 bajo el título de Romance de Amor.

La cuestión es que nunca se registraría al compositor de dicha obra en la sociedad de autores, de ahí que el segundo nombre de este popular romance sea “anónimo”. Aunque cada vez cobra más peso la autoría de esta pieza musical por parte del guitarrista murciano Narciso Yepes, en una entrevista realizada por el gran Fernando Argenta a Yepes, este reconocía ser el autor del Romance de juegos prohibidos o conocido popularmente como Romance Anónimo. Incluso su viuda después de la muerte de Yepes, reafirmo en una entrevista a una cadena de televisión Japonesa la autoría de su marido de esta pieza. Lo que no sabemos es  porqué motivo no registro este tema y tan solo figuró como adaptador musical e intérprete de Romance de Juegos prohibidos y no como autor.

El caso es que el llamado Romance Anónimo se ha convertido en una pieza musical muy popular a nivel internacional, sencilla pero de una gran belleza y como no podría ser menos de un extraordinario músico, como el gran Narciso Yepes.

Narciso Yepes

SEPTEMBER SONG

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FRANK

Estamos a punto de finalizar el mes de agosto, aunque queda aún verano, la llegada de septiembre supone la recta final de la estación estival, para muchos el fin del verano, la vuelta al trabajo, el regreso de los niños al colegio, los exámenes de recuperación. Los días son más cortos, las noches se vuelven más frías. Quedan atrás los largos días de playa y diversión. La luz del sol se vuelve más tenue anunciando la cercanía del otoño.

A todos nos gustaría perpetuar el verano, tiempo cálido, de luz y alegría,  en el que el amor ocupa un lugar importante recuerdos de aquellos lejanos amores de verano que acababan al finalizar la estación pero perduraban en el recuerdo durante el resto del año. Otro verano se nos escapa como un suspiro, el tiempo pasa fugaz llenando nuestra mente de imágenes para el recuerdo de aquellos días que no volverán. Me gustaría que este sol siguiera brillando el resto del año con la suave brisa del amanecer. Como dice la cantante Fiona Apple en su canción Pale September, llega septiembre pálido, los días de otoño se balancean a mí alrededor, los rescoldos del verano  perdieron su aliento y desaparecieron.

Fiona Apple, Pale September

 

La música como siempre será un instrumento útil para rememorar momentos o situaciones concretas que nos hayan sucedido durante este verano que está a punto de terminar. Esa canción nos transportará a aquellos momentos y aquel lugar, aún cuando el frio del invierno azote con intensidad, esa música hará que volvamos a sentir la fresca brisa de una mañana de verano, tiñendo de nuevo los oscuros y grises cielos invernales con un azul intenso.

Una de las canciones más conocidas que nos habla de el mes de septiembre, es la popular September song grabada por multitud de cantantes, entre los que destaca Bing Crosby, Frank Sinatra o Nat King Cole. Esta famosa canción sería escrita para un musical compuesta por Kurt Well y letra de Maxwell Anderson.”Los días son cortos cuando alcanzas septiembre, cuando el clima de otoño hacer cae las hojas”. Dice en una de las estrofas de la canción.

Existen muchas y muy buenas versiones de esta canción, aquí dejo varias aunque quiero destacar la de Ella Fitzgerald y Sara Vaughan.

Ella Fitzgerald

 

Sara Vaughan

 

Frank Sinatra

 

Nat king Cole

 

Wilie Nelson

 

Django Reinhardt

 

Chet Baker

EL BAJO INSTRUMENTO SUBESTIMADO

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BAJISTA

Existen instrumentos muy populares por ser muy utilizados como elemento principal en bandas y orquestas, como pueden ser la guitarra o los teclados. Pero sin embargo hay otros que pasan inadvertidos y son fundamentales en la formación de cualquier banda. Hoy quiero referirme al bajo, instrumento con gran importancia, ya que este supone la base rítmica y armónica que dará las pautas a seguir al resto de instrumentos que componen la banda.

El bajo pasa en la mayoría de las ocasiones desapercibido a nuestros oídos, ya que este suele ser un elemento de acompañamiento rítmico, nos fijamos más en los solos de otros instrumentos como la guitarra o piano, por ejemplo, sin reparar en la importancia del bajo.

El bajo no sólo es un instrumento de cuerdas que normalmente podemos ver en cualquier banda de rock o pop. Esta denominación la podemos extrapolar a cualquier instrumento que hace dicha función como el bajo acústico, eléctrico o contrabajo por ejemplo.

Aunque el bajista suele ser un músico subestimado, en la historia de la música más reciente, hemos tenido y tenemos grandes bajistas reconocidos por su virtuosismo vamos a nombrar algunos de ellos como ejemplo.

Flea

Bajista australiano conocido como componente de la banda Red Hot Chilli Peppers

 

Cliff Burton

Fue muy popular como bajista de Metálica, clasificado como uno de los mejores de la historia según la revista Rolling Stone

 

Rogers Waters

Este músico británico es conocido por ser uno de los fundadores del grupo Pink Floid y bajista del mismo.

 

James Jamerson

Es considerado como uno de los bajistas más influyentes de la música moderna. Fue músico de la compañía Motown Records, aunque nunca aparecería en los créditos de las grabaciones en las que colaboraba.

 

John Patitucci

En el mundo del jazz, la figura del bajista es de suma importancia, John Patitucci es un músico americano conocido por ser uno de los mejores bajistas de jazz.

 

Marcus Miller

Es otro conocida bajista de jazz, llegó a tocar con el propio Miles David

 

Lee Rocker

No debemos olvidar otro instrumento que hace las funciones de bajo, el contrabajo, muy importante en diversos estilos musicales, desde la música clásica, el rock o el jazz entre otros. Lee Rocker es un referente de este instrumento en el rock.

 

Jaco Pastorius

Hemos dejado para el final uno de los mejores bajistas de la historia el músico y compositor Jaco Pastorius, siendo uno de los pioneros en la utilización del bajo eléctrico.

 

La lista de grandes bajistas sería interminable, he querido traer simplemente una pequeña muestra donde queda constatado el virtuosismo de estos músicos, en este caso queda demostrado por los solos que estos interpretan. Aunque en la mayoría de las ocasiones el bajo queda relegado a segundo plano como un instrumento que sirve como guía rítmica al resto de los componentes de la banda haciendo una labor muy importante que puede pasar inadvertida, pero supone un pilar básico en la estructura musical de un grupo.

MI PEQUEÑA GUITARRA

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He de reconocer que soy un músico frustrado, siempre soñé con poder tocar un instrumento, interpretar a través del mismo mis temas favoritos, poder expresar mis sentimientos activamente sacando melodías y acordes.

Aunque lo he intentado más de una vez y toco alguno de oído, mi inconstancia y torpeza han hecho que desistiera en el intento, por eso siento verdadera admiración por los músicos, aunque sean simples aficionados, ya que dominar un instrumento medianamente bien requiere años de estudios y ensayos.

En los últimos tiempos he sentido interés por un pequeño instrumento muy exótico que se ha puesto  muy de moda, aunque esto último es lo que menos me gusta, ya que no soy muy dado a ir con  las modas, todo lo contrario trato de huir de ellas. Sentía curiosidad por el ukelele con su sonido agudo, alegre, festivo y por la versatilidad del mismo. Este instrumento que adoptaron los habitantes de Hawái en el siglo XIX fue llevado a las islas por inmigrantes portugueses, el antecesor del ukelele es el cavaquinho, muy utilizado en la música tradicional portuguesa y brasileña.

El Ukelele se haría muy popular por la interpretación del cantante Hawaiano Israel Kamakawivo’ole por la versión que este hiciera de las canciones Over the rainbow y what a wonderfull world acompañado por este pequeño instrumento.

 

 

En este verano quise despejar la curiosidad que sentía sobre este instrumento y me puse a buscar a través de la red información y precios de ukeleles y cuál sería mi sorpresa cuando descubrí que por pocos euros podía hacerme con ukelele para intentar probar suerte,  ya que siempre se ha dicho que este es un instrumento fácil de aprender a tocar, relativamente, y sino por el precio que tenía siempre podía servir para adornar algún rincón de la casa, ya que estéticamente es gracioso y decorativo.

Por fin me llego el ukelele, me gustó, aunque era consciente que por el precio que había pagado por el, su calidad no debía ser muy alta pero quería tomar contacto con el instrumento. Practicando y  viendo diferentes tutoriales comencé a sacar tímidamente algunos sonidos agradables de esta diminuta guitarra, comencé a enviciarme y cada vez me gustaba más, pero a medida que avanzaba notaba que el sonido no era limpio ni nítido ni siquiera parecido al de los tutoriales que veía en la red, ahora es cuando me empezaba a dar cuenta de la pésima calidad del instrumento, era lo lógico por 25€ no podía pedir nada más. Pero mi afición por el ukelele iba creciendo cada vez más, necesitaba otro de mejor calidad para seguir con mi periodo de aprendizaje.

Aprovechando un viaje a Madrid me personé en una tienda especializada exclusivamente en ukeleles, pedí consejo al dependiente que me explico y mostró varios instrumentos, al oír el sonido de estos, me enamoré de ellos, era el auténtico sonido hawaiano, exótico, alegre y festivo del ukelele. Salí de la tienda con un mi flamante ukelele de caoba en una extraordinaria funda acolchada, por unos momentos me sentí en la piel de un músico por las calles de la urbe con mi pequeña guitarra, aunque sólo era un inocente aprendiz de pueblo. Desde entonces practico de forma libre con mi ukelele y ya algunas meloidas de mis canciones favoritas con los que disfruto interpretando, a mi manera temas que me gustan, todo un lujo. Aunque me queda muchísimo por aprender me ha supuesto una satisfacción personal lograr hacer sonar algunos acordes en mi pequeño y precioso ukelele, ya que no pretendo tocar para nadie sino para mi propio regocijo y disfrute.

Últimamente podemos escuchar el ukelele como instrumento de acompañamiento en diferentes grupos de música pop e indie. Incluso está muy bien visto entre algunas tribus urbanas como los Hspter tocar este instrumento, no es mi caso, y espero que pronto pase de moda, ya que no me gusta a ir con estas corrientes no vaya a ser  que me confundan con alguno de estos movimientos tan modernos, ya que yo soy más antiguo que el aire.

Eddie Vedder

Paul Mcarteney

 

Jake Shimabukuro, uno de los mejores interpretes de este instrumento

 

Ricardo Arjona

COME AWAY WITH ME

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SECCIÓN CHAMPAGNE Y MÚSICA DE FONDO

“2º POST EN COLABORACIÓN CON EL BLOG  CHAMPAGNE PARA DESAYUNAR

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Me callas con un beso, mientras el cigarro se consume y el primer café de la mañana se nos ha hecho mediodía. Podríamos perder la noción del tiempo, que dejara de salir el sol los días pares, y no importaría en absoluto; no alteraría el orden perfecto en que se sucede lo importante: tú, yo; yo, tú. Universo perfecto.

Me callas con un beso y me das la espalda y te veo, como tantas veces, acercarte al gramófono; tu espalda lleva aún las marcas de mis dedos dibujando símbolos tribales sobre ella y del carmín de mis labios sedientos, que han bebido de ti; y, desde la distancia, me sigue pareciendo que su contorno y el de la mía se dibujaron de un sólo trazo.

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Retiras el vinilo, alargas la mano, tanteas al azar otro que lo sustituya y levantas la aguja suavemente. Apenas te detienes un segundo esperando: Norah Jones. Tu cabeza asiente imperceptiblemente, la mía copia el gesto, reflejo de ti, justo en el momento en que se abre paso ese ruego leve, ese “Come away with me”, un canto de sirena que no implora, que simplemente enuncia una realidad contra la que no cabe resistencia alguna, con una voz tan dulce y serena que sustraerse a ella sería imperdonable.

Y es que, en ese preciso instante, los dos hemos vuelto a vernos, exhaustos, el corazón desollado, los ojos en los ojos preguntando si avanzar o retroceder, midiendo las fuerzas, la valentía, tanteando la dimensión del abismo, el de quedarse en tierra firme quiero decir, que el vacío de saltar jamás pudo compararse al helor de permanecer quieto … sin ti, sin mí.

Ninguno de los dos fuimos nunca de sangre fría, pero juntos ardíamos y a punto estuvimos de consumirnos en el infierno, faquires de un amor incandescente del que había que huir o morir en el intento. Difícil encrucijada que resolviste encontrando la solución a la ecuación: quererse como niños, amarse como adultos.

Me enternece recordarte ahora, en una mano los miedos, apenas atados con la cuerda con la que habías puesto el reloj en hora, latiendo vivos, tratando de ganar posiciones; en la otra, con pulso tembloroso, tu futuro. Podía reconocerlo sin lugar a dudas; al fin y al cabo pasé mis dedos por él mil veces mientras lo unía milimétricamente al mío. Jamás un hombre fue tan atractivo como tú, dividido, roto en dos, pero cierto, frente a mí, entregando lo más valioso que se puede entregar, el miedo y la voluntad tozuda de no darle tregua y apostarlo todo aunque se pierda.

Te imaginé sopesando, bordeando la línea, sintiéndola un precipicio al que saltar se convertía… quizás en todo, quizás en nada, como una moneda al caer: cara o cruz.

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Y rompiste a hablar. Porque tu voz quebró, rompió, la inercia que nos empujaba a protegernos de las llamas, abocándonos a una vida templada de amores templados. Tu voz salía de la trinchera, sin fusil, no para rendirse sino para ganar, para ganarme con una sola palabra:

Ven.

Quise decirte…que recordaras que me gusta hacer castillos en el aire y dejarlos suspendidos mientras todo pasa por debajo, que tropiezo una y mil veces con la misma piedra. Y también con la realidad. Que, si unes la linea que hay entre mis huellas, verás que tiende la mitad más una de las veces a la utopía.

Que no soy práctica, ni puntual, ni ordenada. Que las únicas monedas que me interesan son las de cambio … para negociar besos; que en mis noches en vela me he aprendido los colores del arcoíris y cada palabra que me escribiste.

Que no sé coser, aunque sabría unir tus heridas con hilo de plata si me dejaras.

Que soy incapaz de encontrar la dirección correcta a ninguna parte, salvo a ti, que me la sé de memoria por tierra, mar y aire. Que si cierro fuerte los ojos, aún no te has ido y que podría dibujar toda la noche símbolos tribales sobre tu espalda sin ceder al sueño. Que jamás te necesitaré pero que puedo quererte para siempre.

Que me equivoco más de lo que la paciencia podría soportar. Que soy irremediablamente imperfecta. Y tuya.

Pero no hizo falta.  Ven, repetiste… Conmigo. Zanjaste.  La moneda había caído de cara. Y en ese instante tú, TÚ, te convertiste en mi latitud, en mis coordenadas.

 

Voy.

Y ahora Norah Jones derrama esa súplica por el salón, demorándose en la piel del sofá y en la de nuestros cuerpos y, mientras nos envuelve mansa pero pertinaz, los dos recordamos que tú supiste, quisiste y pudiste conjugar el verbo amar en su más pura expresión: Ven. Y yo, haciendo reciproco tu coraje, fui.  …

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Era una noche calurosa, de julio, aquella en que en un intermedio del intermedio de nuestras vidas, decidimos ser un contigo, y no un sin ti.

Sonrío, pensando en esas breves e inocuas decisiones del día a día, como cambiar un vinilo por otro. Sonrío porque recuerdo que sí, que te cosí las heridas con hilo de plata y que jamás aprendí a ser ordenada y que, precisamente por eso, mis discos no están colocados en orden alfabético, como los tuyos, y que al lado del de Norah Jones olvidé algún día aquel de la Chapman con el que, incapaces de decir lo siento, te amo, quédate a mi lado, habríamos cedido al miedo: Baby can I hold you. Inevitable imaginarlo con la capa de polvo del olvido, la misma que cubre lo que pudo haber sido y no fue, solo que en esta oportunidad lo que sí fue era lo inevitable. Porque hay amores que son eso, inevitables.

Te giras, me miras y sé que el infierno queda en la esquina de una calle que ya no me pilla de paso, porque pronuncias mi nombre y me llamas (Come away with me…) mientras tus pasos gravitan hacia mí, y converges, y convergo. Y podríamos perder la noción del tiempo, que el sol dejara de salir los años pares, y no importaría.

 

Come away with me… 

Y yo a tí. 

 

 

Autora: Be naive

Blog: Champagne para desayunar