CHAMPAGNE Y MÚSICA DE FONDO

CON LA C: confiar. Champagne y música de fondo: Oh Darling!

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Sección Champagne y música de fondo

Post en colaboración con el blog Champagne para desayunar

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En Champagne y música de fondo, Ángel pone la música en su Gramófono y Champagne para desayunar las letras. Esta noche suena el tema de The beatles en la fantástica versión de The Cooltrane Quartet con tintes de jazz y la suave voz de Karen Souza.

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Ahí fuera aún no es de noche, ahora la oscuridad se demora un poquito más y te da dos cuerpos de ventaja antes de llegar. Cuando empecé a escribir este post, hace algún que otro domingo, llovía, hacía frío; era una de esas tardes en las que apetece quedarse al abrigo del sofá y de aquel viejo jersey de lana gruesa que la primavera ya ha mandando a galeras. Calor destilado.

Esos días en que el invierno, que aún se guardaba un golpe de efecto en la manga, se había empeñado en soltar todo el lastre de nostalgia. Quiero pensar que para dejar las alforjas vacías y listas para los almendros en flor.

Hoy, sin embargo, traigo los ojos llenos de sol y el salitre del mar pegado a los párpados, dibujando en ellos horizontes azules. Una tarde perfecta para apagar el mundo un rato, encender la luz ténue y suave del alma y disfrutar de la intimidad de ese dueto que es un “a solas con una misma”. 

Y, como en un ritual iniciático, me acerco al Gramófono y soplo el polvo de aquel disco que llevaba días esperando que le prestara mi voz para cobrar realidad, y le susurro al oído adelante, pequeño, suena para mí” Y el Jazz suave se adueña de espacio. Un saxo, una trompeta, …un voz que te mira a  los ojos mientras te saca a bailar a la pista… A LA VIDA. Qué preciosa voz esta de Karen Souza, tan delgada y sutil, caricia que contrasta con el lamento de esa letra de amor hecho jirones.

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Crepita el vinilo como si fuera lumbre, como crepita un cigarrillo cuando lo enciendes. Como crepitan los pensamientos al roce de algunas palabras. Y, conforme The Beatles se abren paso, a través de la bellísima versión de The Cooltrane Quartet, van crepitando los míos. Nada mece más y mejor que un saxo atravesando el aire y, después, ya puedes rendirte a la voz suave de Karen aunque hable de cristales afilados.

Que las canciones tienen un enorme poder sobre las emociones es innegable. Te mueven o te acompañan, te conducen o te paran en seco….; te descorren las cortinas de tus propios pensamientos. Te cuentan de ti, del momento en el que estás. Y hoy, mientras suenan los primeros compases de este Oh darling me pregunto ¿qué te dice a ti?.

¿En que orilla del verbo confiar te encuentras?

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Confiar. Precioso verbo que encierra la promesa de todos los futuros. Infinitivo absoluto del verbo amar que debería conjugarse en primera persona del plural (nosotros) y, desde luego, en recíproco.

Confiar es el juramento tácito más verdadero entre dos personas, los cimientos donde hasta un castillo de naipes cobra la solidez de la piedra antigua sobre la que puede elevarse una fortaleza. Confiar es la pared maestra de esa casa llamada “dos”.

Pero ¿hasta dónde?, ¿cuál es la medida exacta de ese impulso que no te devuelva al punto de partida ni, tampoco, atraviese todos los umbrales de la sensatez para dejarte vendido y vencido? Esa (medida) que te mueva las velas extramuros del miedo pero que conserve el corazón intacto.  Alquimia mágica ésa por la que se sabe, a ciencia cierta, que apostarlo todo al rojo no es azar, sino una jugada perfecta.

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Uno tiende a guarecerse, alentado por los miedos que salen, como monstruos, de debajo de la cama (como cuando eras pequeño) y se alzan por encima de tu cabeza (de tu corazón ya ni te cuento) Porque, cuando un corazón se hace pedazos, cada fracción de él conservará el mismo impulso de salir corriendo lo más lejos posible de tus brazos que de arrojarse a ellos, suplicando que unas las trizas de nuevo y les des vida, como habría hecho Mary Shelley con Frankenstein.

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¿Cómo saber si quedarse a un lado de la alambrada o pasar al otro, a pecho descubierto y con las palmas de las manos hacia arriba, cuando te dicen “confía en mí, yo nunca te haré daño”?

Lo fácil son las palabras. Lo fácil es decir confía en mí; lo difícil es cerrar los ojos y dejar caer el corazón de espaldas y sin mirar en el último segundo, seguro de que habrá unos brazos que lo recojan sin permitir que caiga al suelo.

Hay a quien no le basta, ni siquiera, tenerte a corazón abierto y meter los dedos en él para, como Santo Tomás, cerciorarse; hay, de hecho, quien ve gigantes en los molinos de viento y, como si llevara arena de otros desiertos en los ojos, no alcanza a ver lo que tiene delante y aventura traiciones fantasmas y, con ello, se traiciona a sí mismo arrancándose lo verdadero en aras de una verdad que es mentira.

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También está “el más difícil todavía”: ser esos brazos que recogen el corazón que se entrega sin reservas, y no permitir que se caiga al suelo y se haga mil añicos. Sí, eso es lo verdaderamente difícil, saber manejar los sentimientos de otra persona con el mismo mimo con el que manejarías la más cara porcelana.

Dicen que la confianza es como una jarrón que se rompe que, aunque unas sus pedazos con el mayor esmero, jamás volverá a ser igual: su alma podrá seguir estando dentro pero, por fuera, siempre evidenciará los signos de su rotura. También hay una antigua técnica japonesa, el kintsugi, por la que se utilizan hilos de oro para reparar la porcelana rota haciéndola, así, aún más bella y fuerte.

Y, será que  yo prefiero los “rotos” a las superficies lisas y planas, pero a mi me parece que hay un acto de belleza absoluta en saber (intentar, tratar, procurar, pretender… o, al menos aprender a) recomponer un jarrón, como belleza absoluta hay en cada una de las grietas que dibujan pasados imposibles sobre una superficie castigada, dejando desnuda la memoria sin querer.

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 ¿Hasta dónde confiar?. Estoy segura de que lo mejor _lo más seguro_ es nadar y guardar la ropa. Pero es que yo no quiero guardar la ropa, ni siquiera la que nos quitemos cada noche absortos en el camino que dibujan los lunares de nuestra espalda.

¿Hasta donde?

No lo se

¿Hasta donde?

Dímelo otra vez

¿Hasta donde?

Hasta el SI, siempre SI.

Así que dímelo; dime, con una voz tan suave y delgada como la de la Souza mientras se columpia en este saxo de papel, que confíe en ti, que nunca me harás daño y, si me lo haces, vuelve a unir los descosidos con hilos dorados y a mentirme de nuevo, que yo… te seguiré creyendo. Al fin y al cabo, creer es lo que mueve el mundo.

Te creeré y te perdonaré, oh, darling, ¿sabes por qué? porque esto es sólo un post y aquí SÍ puedo perdonarte.

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Oh, Darling!

[Tema de The Beatles interpretado por la suave voz de Karen Souza con la banda The Cooltrane Quartet en una versión con alma en clave de jazz]

Texto: Be_Naive autora del blog Champagne para desayunar

Música: Ángel Maíllo blog El Gramófono

I’LL NEVER FALL IN LOVE AGAIN

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SECCIÓN CHAMPAGNE Y MÚSICA DE FONDO

             POST EN COLABORACIÓN CON EL BLOG CHAMPAGNE PARA DESAYUNAR

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– No me vuelvo a enamorar más. 

– No, espera, creo que no se ha oído bien. No me vuelvo a enamorar más!. _Dijo de nuevo, alzando la voz interior_

– No, espera, no ha llegado a todos los rincones, mejor desde esta esquina. _dijo colocándose en el punto exacto en el que el eco se pudiera oir hasta en el estómago, ese de las mariposas_

_ No, espera … _dijo…Y el amor la interrumpió_

 

Era un día de verano, de este agosto que no se escribía con A sino con L, de Libertad, que me llevaba en volandas por caminos vírgenes para mi, bailando hasta el amanecer con un maleta vacía que pretendía llenar de vida y con la que recalaba en Verona, la (verdadera) ciudad del amor como primera escala. Allí y entonces, con la música apenas sonando en el Gramófono, se colaba a hurtadillas una voz leve que insistía en no volverse a enamorar. Y debo confesar que resultó una divertida casualidad tararear a una desconocida _para mí _ Dionne Warwick empeñada en mantener su corazón inerte mientras el amor se destilaba puro entre Romeo y Julieta en aquel balcón de piedra veronés; entre cientos de Romeos y Julietas que, yo misma los ví, iban dejando su mensaje de amor en unas paredes cuajadas de promesas de colores y de ilusiones manuscritas.

Ahora, después de enfriar cinco minutos este septiembre, descorchado con la resaca de un agosto inmenso, me sirvo de nuevo una de la Warwick y jugueteo con ese lamento ingrávido. Que no, que no me vuelvo a enamorar. Que no me dejo querer más. Que no quiero querer. Pero a mi es que me entra la risa. Será que me acuerdo de mis dieciocho, nihilista hasta la médula en aquello de los afectos, y me doy cuenta que mi corazón debió ser el kamikaze rebelde que se escapó una noche en que la razón se durmió cinco minutos mientras hacía de imaginaria, porque aquel grito que (yo también) lancé por entonces se perdió en algún punto del camino, eso lo tengo claro. Después no lo encontré jamás. Ni pude, ni quise.

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Y es que ¿quién no ha cogido los mil pedazos en que le han volado el corazón y los ha apostado todos al no me vuelvo a enamorar más, con el fuelle del pundonor sosteniendo la cabeza en alto; así, como se hacen los actos valientes?. Aquella amiga que llora desconsolada mientras barre los cristales rotos de las ilusiones; el amigo que se ha convertido en carton-piedra, que suena más varonil, que no niña, que yo ya no me dejo; la chica de aquella peli de desamor, que lo borda a base de ensayos dejando caer las pestañas comidas de lágrimas al tiempo que le tiembla el mentón (alguna más he conocido que lo borda a base de ensayos, pero sin films ni directores, a pelo, en la vida real. Reincidencia pura y dura).

Imposible no sucumbir, entregar hasta el pellejo a ese salvoconducto a la integridad sentimental. El dolor es lo que tiene, que mueve montañas … y para corazones. O lo pretende. Y cuando te atraviesa el mismo tuétano, está permitido apretar el botón de stop. Porque ese no me vuelvo a enamorar más es una suerte de conjuro para ahuyentar el dolor, ojos de sapo- pata de rana*.…; es un grito de guerra, con las pinturas puestas y la trinchera en pie, que sabe más bien a cuerpo a tierra, a tregua, a  bandera blanca.

Mentiras, dolor, tristeza es lo que obtienes cuando te enamoras, cadenas que te atan; y un tipo que te pincha la burbuja; lo dice Dionne, así como quien no quiere la cosa, que para estos menesteres a mí me hubiera convencido más el tormento de la Simone. Y tiene razón, uno de esos amores de esquinas afiladas te arrasa por dentro y te deja yermos los te quiero; y, en ese momento, firmarías una temporadita de amores al peso, de esos templados que apenas les alcanza el calor para las sábanas.

Pero es que la posibilidad de caer en galeras va implícita en tener el valor de enamorarse. Porque al que le han volado el corazón es por que alguna vez lo puso en alguna parte. La alternativa: corazones de hojalata. De esos también he visto alguno, pero pasarán a la historia sin pena, ni gloria, …ni canciones que suenen en un gramófono. Seguramente también sin burbuja.

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Por eso este I´ll never fall in love again es así, ligero; como pidiendo que le quites la razón, que le devuelvas la fe, el fuego, lo sonetos a media noche y los cafés de la mañana. Como pidiendo “desvísteme, y empieza por desabrochar este escudo, que caiga al suelo, que lo oigamos chocar contra la esperanza y partirse en dos: tu y yo.”

Y es que ese nunca es un nunca con un siempre medio vacío que hay que completar hasta que desborde el vaso, no vaciarlo de golpe.  Un nunca que se entona fuerte con tequila, sal y limón pero que se viene abajo a poco que rascas (la trampa y) el cartón de su corteza.

Así es que, permíteme que te diga _ a Dionne, a la amiga, a tí. Y también a TI_: que te hagas el/la valiente mientras te mueres de miedo, si quieres. Que cojamos el manual y nos volvamos expertos en desactivar los circuitos, yo te ayudo. Que simules que puedes e, incluso, disimules si no has podido. Pero que no te engañes. A ti no. Porque sabes perfectamente que, para cuando quieras acordar, unos ojos te habrán tumbado apenas en un segundo y unas manos serán tu perdición sin haberte tocado si quiera. Y yo, si estuviera en tu lugar, no quisiera perdérmelo.

Porque maniatar un corazón con las cuerdas que el pensamiento teje es cederle el mando a un capitán sin poder y, a partir de ahí, ya puedes cruzar los dedos para no encontrar esos ojos que te tumban o esas manos que te pierden; porque esa será, con suerte, la única opción de que no te enamores de improviso, a traición y sin posibilidad de replica.

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I’ll never fall in love again

 Texto y fotografia: Be naive  Champagne para desayunar

  Música : El Gramófono

SUMMERTIME

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Summertime

Inauguramos la sección Champagne y música de fondo de nuestra compañera Be naive, autora del blog  Champagne para desayunardonde hará sus reflexiones en voz alta mientras la música suena de fondo. La música elegida hoy es la canción Summertime,  en esta ocasión interpretada por Billie Holiday.

 

Se va apagando el día, al fondo la ciudad se desdibuja. Tu otro tú, el que lleva un reloj impertinente al que le faltan horas, se quita los zapatos y, descalzo, se sirve una copa de vino justo cuando ella se cuela en el gramófono para acunarte, todo está bien, todo está en orden, ...fish are jumping.

Y ahí, de pie, de espaldas a la puerta que le da la espalda al día, te dejas mecer por el satén de su voz negra, nothin’ can harm you , nothin’ can harm you y, en sus labios descubres que el verano sabe de nuevo a beso lento, como en los diecisiete.

Summertime

Summertime.

 

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Entonces cierras los ojos y te acaricia, casi, el vaivén de la nana que te lleva un poquito más allá. A esos veranos eternos cuando al acabar las clases sacabas las ganas guardadas del verano anterior, intactas, y las ponías en orden, los amigos de lugares remotos (cuando el norte era tan lejano para el sur como viceversa y el atlas se nos representaba como un desplegable imposible), el agua salada, los paseos por el puerto, nadar, nadar mar adentro sin más miedo que aquella resaca que, a lo sumo, te revolcaba el pundonor en el rompeolas. Benditos peligros los de la infancia.

Y ya puestos, por qué no recordar cuando una pala y un rastrillo eran los hacedores del castillo de tu reino y el mundo cabia en un cubito amarillo. Ese tiempo en que al esfuerzo de tus manos pequeñas sólo lo tumbaba una ola y todo, todo, se arreglaba con un cura sana

Summertime.

Summertime and the livin’ is easy

De chicos el verano duraba una vida como poco y en él te sentías indemne, invencible… qué tremenda sensación la de capitanear el tiempo; lo recuerdas?

Luego llegaron los inviernos, fríos: huesos que se quedan helados mientras pierden la memoria a la vez que el calor y, entretanto, con el tiempo te olvidas de los castillos mientras pagas la hipoteca de tu nuevo reino, de ladrillo, no de arena, y cambias la pala y el rastrillo por el uniforme, porque a trabajar vamos todos uniformados y, al fin, te das cuenta de que el tiempo no es eterno ni el sur y el norte están en las antípodas; no, ahora cogemos un vuelo y nos plantamos en Barcelona desde Málaga dando golpecitos al cristal de ese reloj impertinente mientras el segundero marca siempre cinco minutos más tarde y la prisa sopla las velas del barco a vapor en el que te has convertido.

Qué poder tendrán los recuerdos que te alcanzan quieras o no y te conjugan en presente cualquier estampa en sepia… Ella rescata esta noche una de esas estampas para mi con esta nana de saxo: una mecedora, una siesta, los brazos de un madre tejiendo un sueño bonito para su pequeña, el calor de agosto cómplice, chicharras en la arena caliente, y la sal pegada al cuerpo después del último baño. Ese fue, ese es mi “nada te hará daño” que sale de la cajita de los recuerdos, lleno de polvo y tiempo, y me abraza y me susurra que una mañana me voy a levantar cantando y extenderé mis alas y tomaré el cielo.

Entonces caigo en que esta voz con con alma, que flota junto con el aire cálido que ya va entrando por la ventana, tiene el color de las heridas y sabe a soledad rotunda, y que su melodía esconde, en realidad, un ruego: dime que todo estará bien, que los peces saltan… ,y que entre la languidez de su timbre hay un deje, apenas imperceptible, de vida y que es por eso por lo que esta dama rota me trae, esta noche, aquel verano de los diecisiete y el sueño sereno entre los brazos protectores.

Yo quiero un verano esta noche. Quien tiene uno de sobra? uno de esos de hechos del satén de una voz negra… porque que a veces necesitas que te digan que todo está en calma, que todo está bien y te acunen

and the living is easy

 

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No sé qué tema sonará a continuación en el gramófono pero sé que, apurando el último sorbo de vino, apuro también la brevedad de ese cuerpo y esa voz desvencijados y, antes de que se pierda el último compás, me guardo un puñado de arena en el bolsillo, una noche de verano y un beso de esos de los diecisiete años para mañana que, lo he decidido, me levantaré cantando y extenderé mis alas y tomaré el cielo. Porque ya casi es verano. Y todo está bien.

 

Hush, little baby; don´t you cry.

 

Autora: Be naive

INAUGURAMOS NUEVA SECCIÓN, CHAMPAGNE Y MÚSICA DE FONDO

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Inauguramos nueva sección en nuestro blog,  algo que siempre es un motivo de satisfacción, en esta ocasión reservamos una sección a una compañera bloguera. Ella se hace llamar Be naïve y nos trae el viento fresco de las tierras cálidas del sur, con aromas a salitre y jazmín. Ella tiene una sensibilidad especial para conjugar la música con las palabras, lo demuestra en su blog champagne para desayunar un rincón sereno para la reflexión que recomendamos a nuestros lectores.

Be naïve es una andaluza  que, como ella misma nos cuenta en su blog, podría ser la chica con la que te cruzas cada mañana camino al trabajo, la voz de la radio,  el buenos días olvidado en un banco del parque; el fondo, la esencia, el ímpetu que juega a hacer malabares con las palabras en voz baja y con luz tenue. Si le preguntas por una palabra que defina Champagne para desayunar lo tiene claro: intimista, delicado y aparentemente frágil, su blog, destila ardor entre colores suaves y metáforas trazando paralelismos entre las cosas más pequeñas y las cosas más grandes, buscando hacer eco con la emoción, con la ilusión, con la esperanza incluso.

“Champagne para desayunar, nos dice, es un proyecto que llevo guardando en el cajón de las cosas que quiero hacer hace mucho tiempo. Circunstancias de la vida hicieron que hace tres años lo sacara del cajón pero apenas se quedó en un boceto. Supongo que cada cosa tiene su momento y, tiempo después y algún detonante más, dedicando las noches que le robaba al descanso después del trabajo fui dándole forma, literalmente, mientras peleaba con programas informáticos y aprendía desde la base y, por fin, levanté una estructura lo suficientemente detallista y coherente con el fondo que pretendía poner dentro de ella.  He querido reflejar en este blog, añade, una aparente dulzura, a través de una estética sutil y refinada que es la que rezuman las fotografías cuidadosamente escogidas, los colores tenues, que envuelven en una especie de bruma y preparan el ambiente para que las emociones tomen forma, y la música con alma, como yo la llamo. A partir de ahí, la palabra toma el protagonismo. Sentir, soñar. Vivir, levantarse.

Haciendo una comparación, Champagne para desayunar viene a ser como un momento suspendido en el que uno se desnuda del día a día y se sienta a compartir con la vida una copa de vino tinto mientras desde el tocadiscos una voz de aguardiente y sal llena el espacio.”

Y, de ahí surge la idea de esta nueva sección, en la que El Gramófono y Champagne para desayunar se encuentran donde el sonido y la palabra se dan la mano.

Nuestra sección, como no puede ser de otra manera, se llamará Champagne y música de fondo. Nosotros pondremos la música y Be naïve sus reflexiones. Un proyecto novedoso, el cual me parece muy interesante, reflexiones y buena música, palabras entremezcladas con notas musicales, sentimientos; emociones, canciones, música, amor, desamor, felicidad, alegría, melancolía. Champagne y música de fondo será un espacio para la evasión, donde encontrarnos con nosotros mismos, donde fusionar música y palabras, reflexiones y sonidos, te esperamos.